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martes, 28 de enero de 2014

"Esclavo de un papel"

Una hoja de papel
a veces dos, límpidas,
esclavas que me esclavizan
autografiando mi creación
definiendo el campo de juego;
de un margen al otro
y no valen las postdatas.

Mejor cuando no sabía
de horizontes ni congruencias
porque allí no faltaba un tilde
nadie reclamaba un sol de menos,
las mañanas muertas
eran verdes a los ojos de la lluvia;
todo se quemaba y nadie gritaba.

Un acorde rechina
en la pincelada eterna
que cae y se hace sinalefa
para volverse daguerrotipo
que será onda mañana
y tal vez semilla más tarde:
vive libre el arte en su flujo.

No me esperen
porque no sé cuando vuelvo
y tampoco si me voy.
 

viernes, 4 de octubre de 2013

"Tan solo un golpe (por favor)"

Quisiera escribir,
poder soltar las letras
y que solas se juntasen
a la vanguardia de mi alma,
que se miren y se entiendan
sin decirse una palabra,
que vayan, lejos,
y vuelvan más sabias
y deseosas de curarme.

¡Quisiera dar
rienda suelta a mis versos!

Las posibilidades: tantas,
las realidades: demasiadas,
los tiempos: cortos y ajenos,
la necesidad: vital y con apuro,
las maneras: esclavistas.
¿Dónde están
aquellos rituales sin rima
que desahogaban al aún con aire
y destilaban las penas?

¡Quisiera poder
tallar soles sin paradigmas!

Escucho llorar a mis entrañas,
quejosas en esta tapera
que las reprime y golpea,
porque aún con heridas frescas
pueden oler el afuera:
dulce primavera que emerge
detrás de dos, tres, seis barrotes.
¿Por qué veo el sol asomar
cuando sigo encadenado
a un tiempo muerto?

¡Quisiera volver
a vivir viviendo la vida!

Un relámpago azul,
un beso canicular,
una fiebre casi eterna,
un golpe… de inspiración
(y esperanza). 

domingo, 7 de abril de 2013

"Allí viene... y aquí estoy yo, _ _ _ _ _ _ _ _ _ ..."


Advierto en estas primeras líneas, invocando a las más vitales y futuras consecuencias que ya puedo ver expresadas en letras, que el contenido que vendrá en los renglones subsiguientes será completamente empalagoso, romántico al punto tal de ser el más cursi de todos los discursos y aún más, prometo esconder alguna rima atrevida como guiñada a los más grandes literatos del amor en verso. Advierto, entonces, a aquellos quienes los contenidos sobre el amor, no saben o no pueden digerir con facilidad. ¡Cuidado lector, ten cuidado!

Ahora que te encuentro en este segundo párrafo, puedo deducir que has sido lo suficientemente valiente para asomarte al precipicio, o, por el otro extremo, lo suficientemente cobarde como para leer de reojo lo que venía después y encontrarte allí con mi bienvenida. De cualquier forma, felicitaciones por seguir. Aquí, mi valiente o tímido lector, voy a contarte una historia de mentira y una mentira de una historia. Aquí voy a revelar mi asombro y mi agrado, al descubrir y vivir uno de los mitos más antiguos de la historia. Y no hablo del casamiento, ni del noviazgo, ni de la amistad, y aunque suene raro, tampoco voy a hablar del amor como sentimiento maduro. Remando lenta y cariñosamente, avanzaré hacia lo mares de algo mucho más sencillo y hermoso; ¿posible o no? Ya lo veremos.

Las teorías sobre su real existencia o potencial desarrollo son varias y susceptibles al paso del tiempo y los sentidos. Como bien dijo alguien una vez: “cada uno de los sentidos, interroga al mundo a su manera”, y así, es posible que este fenómeno surja. Cada sentido hace lo suyo. Cada sentido hizo lo suyo. Sus labios ni muy rojos ni muy rosados fueron lo primero en abrocharse a mis ojos. Luego, vino su sonrisa grande como el cielo y se hizo un lugar al lado de sus labios. Casi instantáneamente, el sonido, ¿y qué digo sonido?, la música emanada de su boca logró atarse a mis oídos hasta el punto tal de desnudarme la piel con un “hola”. La despedida que siempre tiene un gusto amargo, esta vez, tuvo un toque distinto. El adiós fue la razón suficiente para hundirme en el perfume de su piel blanca y transparente. El adiós fue la excusa caída del reloj para rozar su mejilla con la mía y así sentir que el mismo cielo, baja de las alturas y se abraza a mi rostro. ¡Hermoso adiós que dio fortuna a mi tacto y olfato!
Una vez más, recuerdo la advertencia del comienzo: ¡cuidado con estos versos, cargados de azúcar sin café!
Se preguntarán ustedes por la manera en el qué el gusto interrogó a su esencia. Pues bien, esa es la pregunta que no tiene respuesta, sino conclusión. La conjunción de los demás interrogatorios dio paso a la percepción del sabor. ¡Y qué sabor! Indescriptiblemente pálido, sangriento, juvenal y jubiloso, natural y empedernido, del mismo cielo y del mismo infierno, único en su especie y reiterativamente de tilo, me sabio su esencia misma en la boca del estómago hasta la comisura de mis labios.

Más allá de lo poéticamente biológico, influye e influyó una cuestión social y moral, ineludiblemente apetecible. ¿Quién es capaz de captar la atención de un alma errante con tan solo caminar por delante de su presencia? ¿Qué milagro tan bien bendecido es capaz de matar al hombre para revivirlo y ser el (ella) la causa de su vuelta a la vida? ¿Qué combinación tan armoniosa y perfectamente conjugada es capaz de detener el paso del tiempo con tan solo entrar en la habitación? La respuesta eres tú. La respuesta, mis queridos lectores, es ella. Hermosa actitud que te balanceas de un lado al otro. Hermosa actitud que pasas de largo y saludas con los ojos callados. Hermosa actitud que respira el mundo y lo vuelve divino.

Algunas veces pienso al verla cosas como: “no me mires así”, “no te rías así”, “no me hables así”, “no camines así”, “no no me mires así”. Me tildan de tonto, bobo y mal enseñado, pero igualmente, no puedo evitar morir y resucitar cuando haces esas cosas. Porque de esos momentos sencillos y triviales me alimento. Porque de tus costumbres me vuelvo adicto. Porque de tu existencia me inspiro.

No voy a decir en ningún tono de “las cuatro estaciones” que siento que te conozco de toda la vida, ni que te vi en mis sueños, ni que ya te conozco de mis vidas pasadas. Definitivamente no. De ese constante descubrimiento es que me enamoro todos los días. De ese no saber que siempre resulta en sorpresa, es que vuelvo a elegirte a cada segundo. De ese desconocimiento pasado, presente y seguramente siempre un poco en el futuro, es que vivo sabiendo que tendremos un mañana: cada momento tendrá un sabor distinto. ¡Gracias a la vida por recién traerte a mis orillas!

Y aunque en realidad, poco hablemos, puedo decirte a ti, y también a ustedes mis queridos lectores, que sus silencios son los que hacen posible todo este despilfarro de latidos rojos. Pocas veces coincidimos en nuestras rutinas, y hasta el momento, debo confesar, que jamás hemos tenido la oportunidad de huir del reloj fuera de nuestras comunes cuatro paredes. Somos fruto de un carcelero encuentro que muere al mediodía. Somos simplemente números que coincidieron en un mismo tiempo. Somos una ella y un él, que tan desconocidamente, acudieron al mismo puerto, por el mismo viaje, en el mismo barco, con los mismos deseos y con el mismo destino.

No le he dicho todo, pero en minutos asomarán sus piernas por la puerta de en frente y no puedo perder ni un solo momento. Ya puedo sentirla caminar por entre la multitud apagada. Allí viene… y aquí estoy yo, enamorado a primera vista. 

domingo, 31 de marzo de 2013

"¿Por qué ser amigos?"


Why can’t we be friends?
o supongo que aquí queda mejor,
¿por qué no podemos ser amigos?
¿acaso no nos queremos
y cuidamos uno al otro
cuando la muerte viene,
cuando el sol se calla,
cuando el silencio nos pica?
¿qué sucede entre nosotros?

Confieso que a veces te odio.
¿Será ese el problema?
Te odio
por robarme las palabras del estómago
cuando ni siquiera las he pesando,
por jamás ocultarme
ni la más venenosa de todas las mentiras,
por entender lo que yo entiendo
y hacerlo lucir tan fácil con una sonrisa.

Igualmente, te odio y te quiero.
¿Puede ser eso posible?
Te quiero
cuando callas para que llore en tu silencio,
porque nunca me abrazas en la medida justa,
por ser la piedrita en mi zapato
cuando sabes que voy por mal camino,
te quiero y te quiero
por quererme como me querés.

Tal vez
no podemos ser amigos
por mis sentimientos encontrados,
¿cómo quererte y odiarte?
Quizás
no podamos ser amigos
porque no debemos serlo,
porque no queremos serlo.
Seguramente
tenemos que ser otra cosa,
de amigos no calzamos,
de enemigos nos sonreiríamos demasiado,
¿entonces?

¿Por qué no podemos ser amigos?
o…
¿por qué ser (solo) amigos?

sábado, 2 de marzo de 2013

"No hay nada más lindo..."


Después del huracán,
de los relámpagos con gusto a rutina
y del verano con más bajos que altos,
descubrí concluyente frente a la ventana:
no hay nada más lindo
que la alegría después de la tristeza.

Duele, golpea y pretende asesinar,
llega escondido en su furia
y arrastra el mundo a su paso,
es el problema que tiñe nuestro cielo
pero que el viento arranca de un solo beso:
no hay nada más lindo
que la solución después del problema.

Perdidos y desentendidos
vamos caminando por la noche hecha ciudad,
malhumorados nos miramos sin ojos
y tristes rompemos el reflejo,
y así no vamos y no volvemos
hasta que nace la luz en el apagón:
no hay nada más lindo
que el amanecer después del desamor.

¡Miren!, ahí está el escritor,
muriendo lento y sin rima,
porque ha olvidado como ensamblar un verso,
porque aunque lo intente
no recuerda cómo decir lo que nadie dice
y todos sienten y todos quieren.
Pero… ¿qué sucede? ¡Miren!
Está escribiendo:
“no hay nada más lindo
que escribir después de estar en coma.”

lunes, 25 de febrero de 2013

"¿Quién puede escribir así?"


Las ganas sordas llegan despacito
aullando feroces en el estómago
y arrasando con la noche a su paso,
llegando viene la angurria desterrada
sin deseos de pedir perdón
ni anhelos de cambiar sus ideales
por ningún campo con cedrón.

Vacía viene la inspiración a mi cuarto,
manchando mis hojas con mentiras
y haciéndome picar los dedos
para su propia redención,
porque viene pero sin cosquillas,
porque grita pero sin razones,
porque golpea pero de ojos cerrados.

Los cuadernos lloran por su visita
y la noche que ya tiene experiencia
en esto de besos sin gusto a amor
suspira cebada y sale a fumar un cigarrillo,
la lluvia que amenazaba traviesa
ha madurado de repente (por su culpa)
y ya no quiere salir a jugar.
Se cierran las horas en el cielo,
muere el deseo de volver a narrar.

Algunos creían que estos temas
eran cosa de locos
y escritores resentidos,
pero ahora que ya no hay qué leer
por la razón y la causa emparentadas
de que la “inspiración” maldita
como llegó se fue
y como llegó con mentiras
con mentiras me dejó,
pregunto yo
¿quién puede escribir así?

¡Que hable el salvador!