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domingo, 1 de enero de 2017

"Cambiar de rumbo"

No hace falta más
que dejarse ser viento
en la suavidad del aire de enero
que al compás de año nuevo
trae las piezas desabrochadas
de nuevos y azules rumbos.

No hace falta más
que volverse suspiro
en la verdad de un deseo
que anhela amores nuevos,
pero al final recuerda:
no quiero nada con nadie,
lo quiero todo conmigo.

No hace falta más
que aferrarse solo a los abrazos
en lo adictivo de una sonrisa
que sin preguntarlo dos veces
se encamina a volverse beso
y más tarde consejo.

No hace falta más
que arroparse en un acorde
en un instante de luz desinteresada
que siempre quiso ser noche
en la búsqueda de cenar con la Luna;
hasta que entendió que la tristeza
puede ser igual de hermosa.

No hace falta más
que cambiar de rumbo. 

miércoles, 21 de diciembre de 2016

"Estamos llenos de búsquedas"

En la vida estamos llenos de búsquedas. Cuando somos niños, buscamos tesoros, mundos perdidos e intentamos, aunque nos dé miedo, encontrar algún fantasma. Ya cuando somos adolescentes y nos llevamos el mundo por delante, buscamos cosas a las que aferrarnos, esos pequeños símbolos a los que queremos pertenecer para sentirnos parte y seguros. Y cuando la adultez asoma, pero aún somos los suficientemente jóvenes como para ser tildados de locos inmaduros, buscamos sueños, desafíos y, alguna vez, hasta buscamos una casa propia. Luego, con el tiempo, buscaremos que nuestros hijos no se pierdan, que el trabajo nos siga haciendo felices, que el amor no muera. Y un día, miraremos para atrás y podremos ver una estantería repleta con los resultados de nuestras búsquedas. La vida, así parece, se trata de buscarse.

Y esa quizás sea la tarea más difícil de todas: buscarse a uno mismo. Es fácil que alguien nos encuentre, que quiera conocernos y, sin darse cuenta, termine enamorándose de nosotros. Sin embargo, no tiene nada de fácil el aprender a querernos. También es fácil encontrarse con viejos amigos y hacer que el tiempo que los separó no sea más que un par de charlas bajo la Luna. No obstante, escucharse a uno mismo y conocerse al punto tal de adivinar nuestros pasos sin ni siquiera pensarlos, es un ejercicio tan complejo como desesperante. ¿Fácil? Fácil es cocinarle a los demás los platos que les gustan, regalarles cosas que les quedarán bien, decirles lo que quieren o deben escuchar. Pero uno de los caminos más difíciles en esta vida es ponernos límites para que las cosas no nos hagan daño, animarnos a luchar por nuestros sueños y aprender a disfrutar de nuestros propios silencios.

Tampoco quiere decir que la vida deba ser una egoísta introspectiva. No, al contrario. Si de algo vale el querernos antes es para amar después. Y no amar por hacer feliz al otro, sino amar de tal forma que el simple hecho de amar ya nos haga felices y privilegiados. Pocos conocen lo que es amar de verdad, y quizás allí está el obstáculo: no se conocen a sí mismos, se ven en el espejo y solo encuentro defectos, se encuentran en silencio y se desesperan por llenarlo con vidas ajenas. Seamos más reduccionistas: ¿a quién va a amar la otra persona si la persona que desea ser amada ni siquiera se conoce a sí misma? Primero hay que buscarse, para que cuando uno sea encontrado y encuentre a alguien, juntos puedan emprender nuevas búsquedas, y no perderse entre lo confuso de sus almas.

Buscarse no implica conocerse de p a pa, pero sí saber que tenemos una p y un pa. Buscarse no implica no necesitar de nadie, pero sí disfrutar de cultivarse a uno mismo. Buscarse no requiere de lupas gigantes ni de telescopios bien calibrados, alcanza con cerrar los ojos, caminar un par de cuadras, pintar con las manos, bailar bajo la lluvia (o bajo un techo, pero mirando la lluvia), dejarse fluir con una canción pegadiza… No importa cómo, pero sí importa el para qué: buscarnos para vivir y no vivir buscándonos.

La experiencia dice que perderse también vale la pena. Si no nos perdiésemos, ¿cómo podríamos encontrarnos? Nunca es tarde ni temprano para empezar a buscarse. Puede tomar toda la vida. Puede tomar un par de minutos todos los días. Sea como sea, cuando te encuentres, lo sentirás en el pecho. Algo habrá cambiado. Ya no serás tú, ni quien fuiste ayer ni antes de ayer. Serás todos esos y alguien más. Alguien que se encontró a sí mismo.

Pensalo, no hay apuro. Mientras tanto, yo sigo buscando. 

jueves, 13 de agosto de 2015

"Nada más que luz"

Hay un momento,
a veces un segundo
y otras un par de minutos,
pero existe un encuentro,
un tramo de tiempo muerto
que un día decide transformarse
y desde su fría soledad
sube,
sube,
sube
y todo cambia para siempre.

El reloj lo indica formal,
a veces en punto, a veces casi,
pero el resultado es igual:
trepan
y suben directo hasta el cielo
tu suspiro, mi suspiro
y el mundo se sonroja,
y desde entonces
ya nada vuelve a ser igual
entre tú y yo,
entre la esperanza y el dolor.

Todo despierta,
la vida vive de repente,
la música suena más fuerte,
el agua fluye en el silencio,
y tus ojos, mis ojos
se abren transparentes,
ahora todo tiene destino:
el ayer existe tenue
y el mañana ríe a la espera;
el hoy se nos vuelve electricidad
y toda cobra sentido.

¿Qué sería del ritmo natural
del viento y las calles
del tiempo y los cuentos
del silencio y los recuerdos,
si de vez en cuando,
al vivir su antojo de escapar,
el papel no estuviese abierto
y el vacío estuviese siempre lleno?
Porque de eso se trata
el juego del amor y la vida:
estar dispuesto al milagro.

Un día como cualquier otro,
en el desliz de algún dios,
la tinta dejará de ser suficiente
y las palabras perderán sabor,
por que en ese mágico entonces,
todo será distinto a como lo ha sido siempre:
asomará
y subirá
y subirá
y tan alto como jamás nada ni nadie
la luz se prenderá al tiempo.

Y desde ese entonces,
luz…
luz aquí y allá,
luz…
y nada más que luz
después de la tormenta. 

domingo, 29 de junio de 2014

"Deseo intacto"

El golpe aún retumba en mi pecho
al ritmo de lo mucho que eso fue;
noches que pasaron de invierno a verano
silencios que fueron de amor y de odio:
una inmadurez que se frustró.
 
El labial aún me sabe a humedad
tan fresca y tan honda a la vez
como la esquina que nos vio partir
tan lejos y tan cerca a la vez
para ocultarnos de nuestra piel.

El destello aún suena a delirio
en mi más profunda bitácora personal
al punto que te escribí de canela
para que mi cuerpo no me dejase volver
a ese allí, a vos, a los dos.

El deseo aún sigue intacto.

sábado, 14 de junio de 2014

"El viento te dirá a veces"

El viento te dirá a veces
que tú no tienes razón
y soplará lejos la esperanza
de volver a vivir de a dos.

El viento te dirá a veces
que tú no mereces amor
y espantará por largos años
el autorretrato del reflejo.
 
El viento te dirá a veces
que tú no sabes vivir
y le dirá todos lo mismo
ensamblando masas tristes.

El viento te dirá a veces
que tú no puedes pensar
y negará tus sinapsis antiguas
emborrachándose de necedad.

El viento te dirá a veces
que él no siempre tiene razón
y por un instante, en esa vez,
tendrá tu aprobación (y razón).

El viento… te dirá a veces. 

domingo, 1 de junio de 2014

"Sencillez, simplemente"

Anoche descubrí una sencillez
que por sencilla que es
resulta no admirable en estos días,
pero gracias a esa sencillez mal dada
descubrí anoche algo hermoso.

Muchos dicen que el sol se va
y así como se va nos vuelve;
palabras de esperanza y consuelo
después de la muerte y el llanto,
palabras de miel, perfume y verdad.

Anoche lo descubrí en carne propia
en un sencillo acto de rutina,
anoche me atrapó la sencillez
de un simple movimiento en cadena
que da esperanza en la teoría.

Cierra las cortinas y postigos
clausura heridas aún frescas
y deja que gotee el desconcierto:
cuatro por cuatro paredes de oscuridad
esperando que llegue la normalidad.

Luz,
simplemente luz
en el medio de la oscuridad…
luz,
simplemente luz. 

martes, 13 de mayo de 2014

"Dos cielos en uno"

Cae una mitad del cielo,
una mitad que allí estuvo;
años de nubes que no se iban
noches de lunas que no salían
días de horizontes…
que tenían punto final.

Sube una mitad del cielo,
una mitad que allí nunca estuvo;
¿vendrán días más claros?
¿vendrán lluvias más justas?
¿vendrán horizontes…
que solo saben de eternidad?

El cielo supo de dos mitades,
ambas queriendo ser de un solo sol;
la historia dio oscuridad
las palabras dieron libertad
el tiempo y las papeletas
dieron y velaron por la humanidad.

El cielo ya sabe de dos mitades,
izquierda y derecha, derecha e izquierda;
aún quedan manchas que borrar
aún faltan nubes que soplar
aún auguran tormentas muertas…
¿aún quedan mitades que llegar?

La esperanza persiste ciega
rezando por un cielo nuevo
sin mitades ni soles de unos u otros,
la esperanza persiste deseosa
de dos cielos unidos en uno;
la unión dará vidas y justicias longevas.

Cambia el modo de pensar. 

martes, 25 de febrero de 2014

"Tranquila"

Tranquila, lo estás haciendo bien.

Camina más lento
que la espera aún vive
y la recompensa será eterna
y tan grande que no cabrá
en tus ojos llorosos
en tus manos tejidas
en nuestros abrazos otoñales.

Tranquila, vas muy bien.

Respira de vez en cuando
para entender lo difícil;
la lluvia llueve y lloverá
inundando la paz de la soledad
saturando tu longeva realidad,
pero el amanecer no nos tarda:
viene sin escalas a tu mañana.

Tranquila, este es el camino.

Suelta la rabia y las lágrimas
por ese cielo que apretado
no nos deja mirarnos con claridad,
porque no necesitamos de la luz
para querernos cada día un poco más
ni para charlarnos entre vientos verdes
ni para reírnos de un dolor más.

Tranquila, sabes lo que haces.

Quedan muchas tardes por enhebrar
y montones de horas que tejer,
no te rindas ni sueltes los remos
porque la corriente nos llevará lejos
allá donde la noche es para siempre…
Aunque la tormenta suelte amarras
siempre estaré para volvernos a atar.

Tranquila, voy detrás de ti.

(si una cana te brota
nos brotará a los dos). 

lunes, 17 de febrero de 2014

"Soltar"

Quisiera creer que hay más opciones a la vuelta de la esquina. Que los sabores nuevos vendrán pronto. Que simplemente, así no estaban escritas las cosas. Pero quisiera, también, creer que esto no está sucediendo. Que tu reloj si vive en el mío. Que no hay nada que nos separe. Que la vida… nos ha estado esperando.

Ya conozco estas lágrimas. Este gusto a lluvias verdes y desencuentros, ya pasó por mis labios. Y eso lastima más que la humillación. Porque estas lágrimas, esta vez, se llevan consigo una parte de mi alma destilada. Un grado del azul de mis pupilas, se va en estas lágrimas hacia el mar. Allí se va una parte de mí que jamás nadie podrá amarrar. Y aquí, en mis ojos, queda un azul que nunca nadie jamás vio. Porque este ya no soy yo. Este soy yo… después de vos.

Me prometí que a mi manera y a tus tiempos, lucharía por vos. Estando noche a noche, siempre en el margen derecho de tu cielo. Esperando la posibilidad de decir un “hola” y quizás, más tarde, un “que descanses”. A mi modo, me enredé en un mundo donde te tenía como se podía y cuando se podía, a escondidas o a la luz del pueblo. Y así fui feliz mucho tiempo… hasta que el amanecer nos encontró de ojos abiertos.

No reniego de ninguna palabra ni de ninguna estrella colgada para vos. No te miento al decirte que te entiendo, me entiendo y nos entiendo. Solo me hablo a mí. Para recordarme que el reloj no me mira como yo te miro a vos. Me prometo, ahora, dejarte ir. Por primera vez, en mucho tiempo, voy a desatarte de mis sueños no cumplidos y mis más tibios anhelos. Vuela… lejos de mí.


Tengo miedo, si. Duele el alma y el corazón, si. Esto es lo correcto y lo mejor para los dos… (lamentablemente) si.

Te sonrío y me voy… pero no te dejo sin algo de mí; no me dejes sin algo de ti.

domingo, 8 de diciembre de 2013

"Testamento a la palingenesia"

No hay nada como morir
para volver a vivir.
Quizás ese sea
el único camino,
el más directo
y el más doloroso,
pero el único camino
que asegura luz
después del fin.

Hojas, letras y algunos libros
es lo único que redacto
y aconsejo conserven,
que no sean tomados
como regalos de un ya no está;
vivencias de un vida
que aún maltrecha
supo encontrar
la avenida al mar.

No hay nada como morir
para volver a vivir.
Dolores, tristezas, guerras,
todos bajo un mismo
y malherido sol de silencio
que conservado en si mismo
tragó heridas viejas
y las remachó con puñaladas nuevas.

Hundido, ligeramente frío
tendido sobre un colchón
que solo sabía de castigos,
allí dormí días y tardes
por no nombrar las noches
esas de pesadillas y sal
amargas al alma,
dulces al fin en si mismo.
Porque un duelo
debe sufrirse sufriendo.

Tal vez no haya
moralejas diluyentes
ni vasos mal llenados,
pero aquí, de frente
a un ataúd que espera
y a una vida que aguarda,
poco importa el resultado:
dolió y eso no cambiará,
ardió y eso nunca se irá.

Firmo y ensobro,
me miro envejecido
y con el alma resquebrajada
no por siete ni trece años:
toda una vida con el saco herido,
no saludo… no hay tiempo,
no respiro… no hay por qué,
no miro atrás… ellos, ya no están.
Entro y cierro,
me silencio vencido.

Abro y salgo,
miro a un lado
observo al otro,
toco el pecho y busco:
allí está el vacío
que ahora sellado
pero aún abismo
irá conmigo al mañana
directo a la vida
que me ha estado esperando.

No hay como morir
para volver a vivir. 

jueves, 24 de octubre de 2013

"Aún remendando"

Nadie dijo que sería fácil
y porque el destino es honesto
esto no está siendo fácil;
difícil tarea
el remiendo del alma.

Aunque sigo caminando
la calle se siente mentirosa
y los días pasajeros:
¿a dónde estoy aferrado
si lo he perdido todo?

Mírenme, háganlo,
no sientan culpa al sonreír,
su vida sigue,
la mía no sale de la pausa,
pero miren, háganlo.

Si me escuchan los exiliados
por favor pronto
lluévanse en alma sobre mí
y háganme sentir en un segundo
que arriba es gratis la paz.

Usted, el de ojos pardos,
¿por qué cree
que tengo los ojos azules?
Se equivoca, no es bendición;
mar estancado de penas aún sufridas.

Silencio.
Allí viene.
Silencio he dicho.
Enciendan las luces y regresen.
Suena el despertador. 

martes, 8 de octubre de 2013

"Voy"

Voy a asesinar recuerdos,
romper los moldes de sellos
estampados en cartas
que nunca tuvieron respuesta,
voy a quemar los manuscritos
de aquellas primaveras
que no salieron nunca del cerebro,
silenciar al presente
para atender viejas heridas.
 
Voy a regalarme tiempo
para así amarrarlo a mis pies
y caminarlo a él
y así él no me camine a mí,
voy desgajar mandarinas
hasta que impregnadas mis manos
queden con ese perfume de vida:
siempre habrá semillas amargas
entre medio de sonrisa y risa.

Voy a dejar de vivir por un instante,
voy a clausurar mi interna
y encerrarme en mi mismo
con dos vueltas al alma,
voy a inducirme un coma
pera tocar la muerte con los ojos
y poder ver y reflexionar
lo que solo llega antes que el final:
voy a entender y cambiar
(bienaventurada la muerte
que trae más y mejor vida).

Voy a cambiar la ruta de siempre,
voy a doblar una esquina antes
y a perderme queriéndolo
para no buscarme sin quererlo.
Voy a volverme cielo
que cubra la ciudad entera
y haga caer los velos
de una vida mal interpretada,
de un latido que es tomado en vano,
de un segundo que se pierde
pensando en el que vendrá.

-¿Me abrís?-
-…-
-Me voy- 

viernes, 4 de octubre de 2013

"Tan solo un golpe (por favor)"

Quisiera escribir,
poder soltar las letras
y que solas se juntasen
a la vanguardia de mi alma,
que se miren y se entiendan
sin decirse una palabra,
que vayan, lejos,
y vuelvan más sabias
y deseosas de curarme.

¡Quisiera dar
rienda suelta a mis versos!

Las posibilidades: tantas,
las realidades: demasiadas,
los tiempos: cortos y ajenos,
la necesidad: vital y con apuro,
las maneras: esclavistas.
¿Dónde están
aquellos rituales sin rima
que desahogaban al aún con aire
y destilaban las penas?

¡Quisiera poder
tallar soles sin paradigmas!

Escucho llorar a mis entrañas,
quejosas en esta tapera
que las reprime y golpea,
porque aún con heridas frescas
pueden oler el afuera:
dulce primavera que emerge
detrás de dos, tres, seis barrotes.
¿Por qué veo el sol asomar
cuando sigo encadenado
a un tiempo muerto?

¡Quisiera volver
a vivir viviendo la vida!

Un relámpago azul,
un beso canicular,
una fiebre casi eterna,
un golpe… de inspiración
(y esperanza). 

jueves, 12 de septiembre de 2013

"Sonreír-Solución"

Viene a nacer el bostezo
entre utopías que no florecieron
y una primavera llana
que siendo tan anhelada
se truncó de camino
y llegando a destino con los ojos cerrados
dejó caer de sus manos
la tormenta más terriblemente azulada
que podría habernos azotado.

Como una ola expansiva
que baña la mañana giratoria
el bostezo se contagia y se condensa,
la atmósfera se raja en su mitad más inocente
y se sonroja y empalidece:
siente el miedo de vivir antes de morir,
así el firmamento se vuelve el límite
que detiene a los viajes febrilmente espaciales
propuestos por los cuentos y los niños.

Algunos se esconden en sus flores de plástico,
otros intentan fotografiar de un solo disparo
todo el mundo que muere
que una vez tuvieron al alcance de una llave
y que ahora desesperados
intentan recordar para ser menos miserables,
y en ese intento, igualmente,
siguen perdiendo el segundo a segundo:
la vida no los espera más que en la terminal.

Si tan solo… no.
Sería imposible un contraataque como ese,
no hay suficientes dispuestos,
nadie podría luchar de ese modo,
sería ir en contra de sus miedos, de sus tristezas,
sería pedirles que por un instante
mirasen el medio vaso lleno… o no,
más simple podría ser aún,
por un momento, solo deben dejar de pensar,
no hay vaso, no hay miedos, no hay despedidas:
solo hay un futuro que espera llegar
y depende de nuestra guerra para hacerlo.

Cubran las flores que fueron mariposas,
destapen los recuerdos más sonrientes
y sonrían y no se detengan al hacerlo:
si el mundo entero en un mismo tiempo
se uniese en una sonrisa calidamente gigante
el cielo temería por sus actos
y los enemigos retrocederían
y la noche volvería a llenarse de luz
y los sueños que una vez se vieron truncados
renovarían la esperanza,
incluso las utopías sin florecer
florecerían sin poder detenerse
bajo la primavera más enamorada de todas…

¡Solo sonrían
y miren todos hacia el cielo!
(por favor).

     

Plain White T's - Rhythm Of Love

lunes, 2 de septiembre de 2013

"Evidentemente, perdí la guerra"

Evidentemente, perdí la guerra. Ni los muros, ni los poetas soldados, ni las flores del mal, ni los gestos altruistas, ni las miradas llenas de lágrimas; nada pudo contra el enemigo.
Podría ponerme a filosofar, casi que en forma de auto venganza, sobre el por qué de mi derrota, pero hacerlo, no significaría nada. Porque esta vez, no quiero aprender de las cenizas. Porque en realidad, el fuego no quemó tantas palabras mal dichas, sino que arrasó, por el contrario, con las no dichas. Así que juzgarme y juzgar lo ocurrido, no sería más que recordar algo que intento olvidar.

Llovieron noches venenosas durante mucho tiempo. Y no hubo pueblo en mi patria que no bebiese de esos charcos hediondos; no por haber perdido el olfato, sino porque no había alternativa. La salida nunca tuvo un cartel por encima que dijera “aquí estoy”. Los suelos y las nubes se complotaron para hacerle perder el camino a cualquier valeroso errante que estuviese decidido a escapar de aquella masacre. Del mismo modo, aquellos que encontraron la salida, no pudieron volver. No porque no lo quisiera, ni porque ellos no lo quisieran, sino porque alguien más no lo quiso, y si ese alguien no quiere, querer ya no es poder.

Recuerdo con densa melancolía, aquellas mañanas en las que los campos amanecían callados desde el horizonte. Con las primeras luces de la aurora, los caballos trotaban lento por encima del rocío y las madres se levantaban con el canto de flores y pájaros que se reencontraban tras una triste noche separados. Lentamente las voces de los niños y el ruido de las páginas de los diarios siendo pasadas, comenzaban a volverse eco en el silencio del verde. Luego venían las risas y las despedidas de almohada y café.
Los brotes verdes se desperezaban sobre la tierra y el sol comenzaba a llover sobre sus cuerpos. La vida nacía en cada rincón del pueblo. Así lo quería la mañana. Así lo veía yo desde mi balcón. Así lo quería el que cuando quiere, puede.

El mediodía siempre tenía aroma a sopa. Las verduras hervían cariñosamente en las ollas de metal, mientras los niños volvían de la escuela con las túnicas manchadas de juegos y sueños nuevos. Recuerdo el aroma de los arbustos de cedrón que la brisa hacía golpear contra mi puerta.
Ya cuando el sol daba tregua, la tarde sabía fresca y podía verse cómo las ruedas, las pelotas y las muñecas, todas salían a jugar en las calles vacías.
Como si pudiera hablarle, recuerdo a una anciana que todas las tardes, a la misma hora, sacaba una silla a su puerta y se sentaba a tejer. Siempre confeccionaba algo distinto, con colores alegres y a veces tristes; según decía ella, eso dependía de cómo se sentía. Cómo olvidar el color de aquellas lanas que asomaron el día que todo se vino abajo… Jamás podré olvidar aquel profundo carmesí que corría por entre sus agujas.

Prefiero no evocar las noches. No porque no fuesen hermosas y febrilmente pasionales. Sino porque una noche como cualquiera otra, fue cuando nuestro pueblo fue azotado por el yugo tirano del destino… y como ya dije, no recordaré algo que intento olvidar. Los ojos todavía respiran sal de tantas lágrimas derramadas y las cicatrices en mis brazos, piernas y cuello, aún laten con rabia y desdén. Asimismo, aún puedo oír en mi cabeza los gritos de los pueblerinos al ver como el fuego consumía sus casas y a sus seres queridos. Ese dolor quedará impregnado en mi mente para siempre y por siempre, como el recuerdo de que la muerte, no olvida ni llega tarde.

Reconocer los errores forma parte de cualquier plan de reconstrucción. Está en la tapa de cualquier libro. Pero, ¿qué pasa cuando los errores apenas fueron una parte de la devastación? No hay portada, prólogo o novela entera que diga cómo actuar contra el destino.

Heme aquí ahora, tomado de las manos con los sobrevivientes. Mirando cómo ha quedado nuestro querido pueblo. Habiendo rescatado las pocas semillas que quedaron de un lugar donde todo era vida. Dispuestos a dejar nuestra alma en el futuro. Porque estamos confiados de que lo mejor está por venir. Pero estamos tristes, solos, destruidos en cuerpo y esperanza. La venda es grande y los cuidados intensivos, pero el temor jamás dejará de asomar en cada casa que volvamos a levantar, en cada árbol que enderecemos, en cada madre que engendre vida en su cuerpo.

Recuerdo que sin que fuese fin de año, rompimos los calendarios y los echamos al fuego que casi se consumía. Recuerdo que alguien dijo “estamos volviendo a empezar, con las lágrimas en los bolsillos, haciéndonos pesar el dolor que vivimos, pero con el cielo en nuestros ojos, recordándonos que el futuro podrá nublarse, podrá despejarse, podrá poner el sol sobre sus hombros…”. Recuerdo que aquel silencio que solo había antes de que despertara la mañana, luego de la guerra, nos duró mucho tiempo a todos, e incluso hoy, de vez en cuando, a cualquier hora, si uno cierra los ojos, puedo sentir el silencio en algún lugar del campo…