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miércoles, 13 de agosto de 2014

"Acústicamente verde"

La acústica de tus pupilas
lo dice todo en una tibia mirada;
desde la poesía de un ayer sin sabor
hasta el aliento dulce de tu inmadurez
ensamblando una sola tonada…
acústicamente verde.

El ayer ya no me habla
incluso dudo de su trágica existencia,
lo intento encaprichado y oportuno
pero solo existe un mundo al que mirar
y no está atrás ni adelante…
está aquí, acústicamente verde.

Hay noches en las que sueño mentiras
algunas celestes y otras marrones,
cada una con su forma y su ingratitud,
y me dicen lo que siempre mentían
con los labios húmedos en necedad…
adiós días sin vivir acústicamente verde.

Suelto un montón de horas ajenas
demasiado ya pesan en mi alma cansada,
allá voy labios blancos y alas rojas
espérame de ojos abiertos y verdes
con un cielo sin pintar en tus manos
y una canción encendida… acústicamente verde.

Quiero morir hoy
hoy… acústicamente verde. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

"Alzheimer"

Me recuerdo envejecido
entre un montón de lechugas
zanahorias amarillas
y silencios fisurados,
veía de mala gana
con un zumbido en la cabeza,
comenzaba, terminaba,
pero siempre estaba.
 
Me recuerdo ennegrecido
desde la piel amargamente curtida
hasta los pensamientos
que emanaban quejosos
de un centro mal planchado;
triste, solo,
único en su especie.

Me recuerdo maltrecho
entre hojas destiladas
y sentimientos desdichados,
allí, uno solo con la muerte,
viviendo al segundo
y muriendo a lo eterno,
allí, como un bostezo
que nace y nunca se ahoga.

Me recuerdo aún en el dial,
detenido en el mismo de siempre,
esperando respuestas
desde un zumbido mudo
que jamás me robó silencios
ni tambaleó mis instintos:
allí esperé para siempre
hundido en la misma frecuencia.

Ahora… ya no me recuerdo. 

viernes, 18 de octubre de 2013

Lo único certero que puedo tener acerca del futuro, es que no será igual a ese pasado que hoy es mi presente.

viernes, 13 de septiembre de 2013

"De decepción en decepción"

Vivo de decepción en decepción,
o decepciono, o me decepcionan.
¿Por qué?
Porque así somos:
humanos hasta para vivir.

Siempre esperé mucho
de quienes esperan
pero dan poco,
fueron amigos, novias, enemigos:
abrazos, besos, guerras
que no sucedieron.

Vivo de decepción en decepción,
decepcionando a los fieles
y siendo decepcionado por dios
(y decepcionándolo a él),
¿por qué?
porque así son las cosas:
insaciables hasta de fe.

Alguna vez pensé
en dejar que la lluvia
cayera sobre mi, y mojarme,
y que no importase la humedad,
pero lo hice y salí herido;
no sabemos vivir en libertad
(de pensamiento y prejuicios).

Vivo de decepción en decepción,
sabiendo quien me va a decepcionar
y golpeado por quien no sabía
también puede ignorar en el lecho final.
Amigos… pocos,
¿por qué?
porque así son las cosas:
no estamos dispuestos a dar
lo que no nos dan.

jueves, 12 de septiembre de 2013

"Sonreír-Solución"

Viene a nacer el bostezo
entre utopías que no florecieron
y una primavera llana
que siendo tan anhelada
se truncó de camino
y llegando a destino con los ojos cerrados
dejó caer de sus manos
la tormenta más terriblemente azulada
que podría habernos azotado.

Como una ola expansiva
que baña la mañana giratoria
el bostezo se contagia y se condensa,
la atmósfera se raja en su mitad más inocente
y se sonroja y empalidece:
siente el miedo de vivir antes de morir,
así el firmamento se vuelve el límite
que detiene a los viajes febrilmente espaciales
propuestos por los cuentos y los niños.

Algunos se esconden en sus flores de plástico,
otros intentan fotografiar de un solo disparo
todo el mundo que muere
que una vez tuvieron al alcance de una llave
y que ahora desesperados
intentan recordar para ser menos miserables,
y en ese intento, igualmente,
siguen perdiendo el segundo a segundo:
la vida no los espera más que en la terminal.

Si tan solo… no.
Sería imposible un contraataque como ese,
no hay suficientes dispuestos,
nadie podría luchar de ese modo,
sería ir en contra de sus miedos, de sus tristezas,
sería pedirles que por un instante
mirasen el medio vaso lleno… o no,
más simple podría ser aún,
por un momento, solo deben dejar de pensar,
no hay vaso, no hay miedos, no hay despedidas:
solo hay un futuro que espera llegar
y depende de nuestra guerra para hacerlo.

Cubran las flores que fueron mariposas,
destapen los recuerdos más sonrientes
y sonrían y no se detengan al hacerlo:
si el mundo entero en un mismo tiempo
se uniese en una sonrisa calidamente gigante
el cielo temería por sus actos
y los enemigos retrocederían
y la noche volvería a llenarse de luz
y los sueños que una vez se vieron truncados
renovarían la esperanza,
incluso las utopías sin florecer
florecerían sin poder detenerse
bajo la primavera más enamorada de todas…

¡Solo sonrían
y miren todos hacia el cielo!
(por favor).

     

Plain White T's - Rhythm Of Love

lunes, 2 de septiembre de 2013

"Evidentemente, perdí la guerra"

Evidentemente, perdí la guerra. Ni los muros, ni los poetas soldados, ni las flores del mal, ni los gestos altruistas, ni las miradas llenas de lágrimas; nada pudo contra el enemigo.
Podría ponerme a filosofar, casi que en forma de auto venganza, sobre el por qué de mi derrota, pero hacerlo, no significaría nada. Porque esta vez, no quiero aprender de las cenizas. Porque en realidad, el fuego no quemó tantas palabras mal dichas, sino que arrasó, por el contrario, con las no dichas. Así que juzgarme y juzgar lo ocurrido, no sería más que recordar algo que intento olvidar.

Llovieron noches venenosas durante mucho tiempo. Y no hubo pueblo en mi patria que no bebiese de esos charcos hediondos; no por haber perdido el olfato, sino porque no había alternativa. La salida nunca tuvo un cartel por encima que dijera “aquí estoy”. Los suelos y las nubes se complotaron para hacerle perder el camino a cualquier valeroso errante que estuviese decidido a escapar de aquella masacre. Del mismo modo, aquellos que encontraron la salida, no pudieron volver. No porque no lo quisiera, ni porque ellos no lo quisieran, sino porque alguien más no lo quiso, y si ese alguien no quiere, querer ya no es poder.

Recuerdo con densa melancolía, aquellas mañanas en las que los campos amanecían callados desde el horizonte. Con las primeras luces de la aurora, los caballos trotaban lento por encima del rocío y las madres se levantaban con el canto de flores y pájaros que se reencontraban tras una triste noche separados. Lentamente las voces de los niños y el ruido de las páginas de los diarios siendo pasadas, comenzaban a volverse eco en el silencio del verde. Luego venían las risas y las despedidas de almohada y café.
Los brotes verdes se desperezaban sobre la tierra y el sol comenzaba a llover sobre sus cuerpos. La vida nacía en cada rincón del pueblo. Así lo quería la mañana. Así lo veía yo desde mi balcón. Así lo quería el que cuando quiere, puede.

El mediodía siempre tenía aroma a sopa. Las verduras hervían cariñosamente en las ollas de metal, mientras los niños volvían de la escuela con las túnicas manchadas de juegos y sueños nuevos. Recuerdo el aroma de los arbustos de cedrón que la brisa hacía golpear contra mi puerta.
Ya cuando el sol daba tregua, la tarde sabía fresca y podía verse cómo las ruedas, las pelotas y las muñecas, todas salían a jugar en las calles vacías.
Como si pudiera hablarle, recuerdo a una anciana que todas las tardes, a la misma hora, sacaba una silla a su puerta y se sentaba a tejer. Siempre confeccionaba algo distinto, con colores alegres y a veces tristes; según decía ella, eso dependía de cómo se sentía. Cómo olvidar el color de aquellas lanas que asomaron el día que todo se vino abajo… Jamás podré olvidar aquel profundo carmesí que corría por entre sus agujas.

Prefiero no evocar las noches. No porque no fuesen hermosas y febrilmente pasionales. Sino porque una noche como cualquiera otra, fue cuando nuestro pueblo fue azotado por el yugo tirano del destino… y como ya dije, no recordaré algo que intento olvidar. Los ojos todavía respiran sal de tantas lágrimas derramadas y las cicatrices en mis brazos, piernas y cuello, aún laten con rabia y desdén. Asimismo, aún puedo oír en mi cabeza los gritos de los pueblerinos al ver como el fuego consumía sus casas y a sus seres queridos. Ese dolor quedará impregnado en mi mente para siempre y por siempre, como el recuerdo de que la muerte, no olvida ni llega tarde.

Reconocer los errores forma parte de cualquier plan de reconstrucción. Está en la tapa de cualquier libro. Pero, ¿qué pasa cuando los errores apenas fueron una parte de la devastación? No hay portada, prólogo o novela entera que diga cómo actuar contra el destino.

Heme aquí ahora, tomado de las manos con los sobrevivientes. Mirando cómo ha quedado nuestro querido pueblo. Habiendo rescatado las pocas semillas que quedaron de un lugar donde todo era vida. Dispuestos a dejar nuestra alma en el futuro. Porque estamos confiados de que lo mejor está por venir. Pero estamos tristes, solos, destruidos en cuerpo y esperanza. La venda es grande y los cuidados intensivos, pero el temor jamás dejará de asomar en cada casa que volvamos a levantar, en cada árbol que enderecemos, en cada madre que engendre vida en su cuerpo.

Recuerdo que sin que fuese fin de año, rompimos los calendarios y los echamos al fuego que casi se consumía. Recuerdo que alguien dijo “estamos volviendo a empezar, con las lágrimas en los bolsillos, haciéndonos pesar el dolor que vivimos, pero con el cielo en nuestros ojos, recordándonos que el futuro podrá nublarse, podrá despejarse, podrá poner el sol sobre sus hombros…”. Recuerdo que aquel silencio que solo había antes de que despertara la mañana, luego de la guerra, nos duró mucho tiempo a todos, e incluso hoy, de vez en cuando, a cualquier hora, si uno cierra los ojos, puedo sentir el silencio en algún lugar del campo…

miércoles, 28 de agosto de 2013

"Brotar de nuevo (siempre se puede)"

Ponete estos lentes
y mirá
y aprendé.

Débil y asustado
nace el brote en la tierra,
se encuentra solo
y a veces rodeado de más grandes,
pero allí está,
recién nacido
y con la esperanza
aún sin lastimar
.

Comienza a abrirse
y le cuesta entenderse,
pero pasan los soles
y poco a poco aprende
qué lo lastima
qué lo hace sonreír
qué significa que esté más verde
y qué es esa flor
que quiere salir de su estómago.

Pronto se vuelve fuerte,
rudo contra los vientos
y perseverante cuando no llueve.
Pronto se vuelve más firme,
toma lo que puede sin pensarlo;
ya nadie cuidará de él más que él mismo.
Pronto se mira pies abajo
y se descubre solo y más grande:
¿cuándo se le habrá ido la primavera?

Un día como cualquier otro
se da cuenta que ya es invierno,
le duelen las raíces
y la tierra ya no le da lo que necesita.
El viento lo empuja con furia
y la fiebre le quema en el tallo.
“Hazme semilla
para volver a brotar
”, le pide al cielo.
Y nadie responde, y nadie detiene la tormenta.

El sol se apaga de golpe,
el aire se siente más seco
y la tierra que lo abrigaba
ahora es dura y brillante
más oscura que el cielo
más abrigada que el pasto.
Está completamente desnudo,
frío, solo, tieso y sin alimento.
Algo se acerca y lo mira,
se acerca todavía más
y le arranca la cabeza:
el sufrimiento se va
el hambre se sacia de golpe
la sed desaparece en la humedad.

Abre sus ojos verdes
y comienza a descubrir:
hay brotes a sus costados,
hay árboles cerca
y hay un manantial
que emana vida líquida
sin que nadie lo detenga.
Y sin darse cuenta,
se mira a si mismo
y no se reconoce:
le han cortado los problemas
directo desde la raíz
y ha vuelto a ser brote
con la esperanza
aún sin lastimar
.


Sacate los lentes
y mirame
y decime:
¿entendiste?