Mostrando entradas con la etiqueta Pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pareja. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de noviembre de 2017

"Tres luces y una tercera oportunidad"

Tres veces, tres,
vi brillar las luces del San Antonio:
cuando peleaba por vos
y por un amor que escondías detrás de una piedra,
cuando nos dábamos tregua
y parábamos para respirar entre jadeo y jadeo,
cuando ahora, otra vez como al comienzo,
espero un milagro de décimas de diciembre.

Tres noches, tres,
que las viví bien diferentes:
la primera vez que no me contestaste,
la primera vez que hicimos el amor,
la primera vez que volví a dormir sin vos.

Tres besos, tres,
fueron los que nos marcaron
como una lluvia de silencios
que inunda la madrugada:
aquel beso tembloroso
que nerviosa iniciaste,
aquel beso lleno de verano
que nos encontró húmedos y amantes,
aquel beso en la frente
que fue mucho más que un hasta pronto.

Tres palabras, tres:
te amo again.

Tres luces, tres,
y una tercera oportunidad.

sábado, 29 de julio de 2017

"Al otro lado de la cama"

Me gustaría girar sobre mí mismo y encontrarte al otro lado de la cama, todavía dormida, con las piernas frías y los cachetes rojos.

Quisiera poder estar ahí para darte el beso que te despierte y nos levante a mirarnos en lo agitado de la mañana.

Me gustaría cerrar las cortinas y hacer del día otra vez profunda noche, con la empecinada misión de beberte la piel desnuda y calentarte el alma.

Quisiera encontrarnos perdidos bajo la tímida humedad de las horas en las que nos recorrimos en cuerpo y cielo, sabiendo que el tiempo solo giró porque estábamos ocupados en otras cosas y se nos escapó de las manos.

Me gustaría que empezáramos de vuelta: una y otra vez. Y me gustaría que cuando conozcamos de memoria cada rincón de nuestros cuerpos, nos demos vuelta y volvamos a respirar la magia de volver a descubrirnos.

Quisiera que al llegar la verdadera noche, cuando el Sol se aburra de escapar de nosotros, nos levantemos de golpe y salgamos por la ciudad a esconder la inocencia de nuestro amor egoísta, para que nadie la encuentre y para que nada la lastime.

Me gustaría girar sobre mí mismo y descubrir que, tras una larga pesadilla de varios meses, seguís dormida al otro lado de la cama, con las piernas frías y los cachetes rojos.

domingo, 23 de julio de 2017

"La última y nos vamos"

–Tengo solo una certeza: esta va a ser nuestra última charla.
–¿Y cómo estás tan seguro?
–Porque, al final, sí elegiste entre darme un beso o romperme el corazón.
–¿Y eso qué tiene que ver?
–Que a partir de ahora voy a hacer lo que nunca hice.
–¿Y eso es…?
–Cerrar el círculo.
–¿Cómo?
–Cerrar nuestra etapa. Cerrar ese “nosotros”. No olvidar, no dejar atrás, pero sí seguir adelante. Y guardar todo lo lindo y todo lo bueno, junto.
–¿A dónde vamos con esta “última charla”?
–Nada, a ningún lado. Solo quería verte para poder darte un abrazo.
–…
–Ya va, ya voy.
–¿Y ahora?
–Nada más, prometo no volver a poner palabras en tu boca, ni cosquillas en tu corazón.
–Siempre tan exagerado…
–No, de verdad: ahora sí se terminó.
–Bueno, como quieras.
–No, yo no elegí: decidiste vos.
–¿Tengo que recordarte quién tomó la primera decisión?
–No, tenés razón: elegí yo. Pero esta vez, elegimos los dos. Porque vos elegís romperme el corazón. Y yo elijo sanar.

lunes, 3 de julio de 2017

"Vos"

Vos. Vos sabés sobre mí lo que nadie sabe y lo callás como nadie lo haría. Vos sentiste por mí lo que tal vez nunca nadie llegó a sentir… y ahora lo sufrís como tal vez nunca nadie sufrió. Vos me conociste en silencio y dejaste que te conociera en la oscuridad de mirarnos de ojos cerrados. Vos te ilusionaste tanto como yo con las promesas que nos hicimos –y no cumplimos–. Vos sacaste lágrimas desde donde no tenías ganas de vivir y me sacaste las ganas de llorar. Vos hiciste del Sol una noche y juntos hicimos de la noche un Sol.

Vos. Vos sos la que siempre fuiste, la que siempre cuidé, la que siempre busqué, la mujer de la que –al final– me escapé. Vos sos el recuerdo que he intentado borrar, la mancha que no puedo dejar atrás. Vos sos esa canción que se repite una y otra vez en mi cabeza. Vos sos ese dolor de cabeza que me recuerda que sigo vivo. Vos sos esa conversación pendiente. Vos sos ese deseo de cumpleaños que sigo esperando. Vos sos esa voz que el viento trae a mi piel cada vez que el invierno me golpea en el estómago. Vos sos ese “quizás” que siempre quise que fuese mucho más. Vos sos ese veneno que quiero que me vuelva a enfermar.

Vos. Vos vas y venís en mi corazón como un relámpago inquieto. Vos golpeás todo lo que creo que está bien y te encargás de darme vuelta el mal humor en un par de besos resfriados. Vos encendés ese fuego que creía que –por fin– había muerto en mi alma. Vos decís sin decir lo que siempre quiero que alguien me diga. Vos hacés que me invadan los nervios y que la paz me envuelva en un abrazo lleno de una angustia cariñosa y pegajosa. Vos le das rumbo a mis ideas y calor a mis pies. Vos caminás más adelante, pero volvés siempre a darme la mano. Vos leés lo que no escribo y escribís lo que siento, pero no digo. Vos hacés girar el mundo a nuestra manera.

Vos siempre fuiste vos… ¿y ahora qué vamos a hacer los dos?

domingo, 25 de junio de 2017

"Basta de mirar para otro lado"

Contra todas las reglas y contra todos los consejos, acá estoy otra vez: escribiéndote. ¿Querés enojarte? Enojate. ¿Querés no hablarme nunca más? No me hables nunca más –tal como lo hacés ahora–. ¿Querés borrarme de tus recuerdos? Borrá hasta el día en el que nos conocimos –si todavía no lo hiciste–. Como sea, acá estoy otra vez: escribiéndonos.

Quizás tengas un poco de razón: tal vez no me tomé nunca el tiempo de dedicarnos un par de líneas que hablaran sobre el lado de nuestra historia que no quedó bajo las sombras. Sobre esos días en los que sí salió húmedo el Sol y en los que sí nos reímos de cosas por las que teníamos razones para llorar. Sobre las tardes de siestas con reloj que después se volvían madrugadas de amores incansables. Sobre ese lenguaje tan nuestro que nos encontró pronunciando al día muchas más “ch” de las que la gente suele decir. Sobre todo lo que nos decíamos mientras nos mirábamos en el silencio de un beso que sería –al fin– reconciliación. Sobre las tormentas a las que sí sobrevivimos y sobre las peleas sobre las que sí aprendimos. Sobre el amor que no se ahogó.

Qué ironía: pensar que tantas veces hablamos sobre no mirar atrás con enojo… ¿y ahora? No creo que nuestros “yo” de antes estén muy orgullosos de lo que somos ahora. Como sea, basta de reproches, ¿no? Basta de llevar la rigurosa lista con lo que el otro hizo mal. Basta con siempre tener una respuesta que redoble lo mal que estuvo el otro. Basta de empecinarnos en empañar lo que fuimos, haciendo que solo lo malo quede en el portarretratos del tiempo. Basta de tantas canciones y de tantas flores del mal. Basta evitarnos en la calle y de rezarle al cielo para que no nos encuentre bajo la misma lluvia. Basta de mirar para otro lado. Basta de hacer de cuenta que no pasó nada. Basta de vivir por fuera de la vida del otro.

Te quiero. Te quiero mucho. Tal vez todavía te amo, quién sabe: yo no lo sé, pero sí sé que me gustaría saberlo. Me encantaría que me quieras, amaría que me quisieras la mitad de lo que te quiero. Me encantaría que habláramos, que nos tomáramos un café, que comiéramos un par de aceitunas, que miráramos un par de películas o unos cuantos episodios, que discutiéramos sin sentido, que tomáramos un par de fotografías y luego compitiéramos por cuál es la mejor. Me encantaría que pudiéramos mirarnos a los ojos y decirnos todo lo que no nos hemos dicho. Y sentir todo lo que no hemos podido sentir.

Quisiera que por al menos una noche, de repente, sin darme cuenta, pueda sentir que ya casi es lo suficientemente tarde como para empezar a ponerme nervioso.

sábado, 8 de abril de 2017

"Sobre el amor, las parejas, el estar solo y la soledad"

¿Qué tal si hablamos de un par de cosas que, por ser demasiado comunes, suelen evitarse? ¿Y si nos ponemos serios –aunque no tanto– y nos miramos al espejo, evitando al menos por una vez ese reflejo insolente que nos responde la mirada, y tratamos de ver más allá de nuestro cuerpo? ¿Por qué no hablarnos a nosotros mismos? Después de todo, ya lo dijo alguien una vez: uno nunca está solo, porque siempre puede hablar consigo mismo.

Vayamos al punto: quería hablarles sobre el amor, las parejas, el estar solo y la soledad. Repasemos algunas frases categóricas que vale la pena tener presentes. Estar solo no quiere decir estar disponible, pero tampoco quiere decir estar en la búsqueda de no estarlo. Estar en pareja no implica estar enamorado, así como estar enamorado no conlleva querer estar en pareja. Estar solo no quiere decir que uno esté en soledad: al contrario, estar solo implica, entre otras cosas, tener más tiempo para estar con uno mismo. Aunque estar solo tampoco quiere decir que uno esté en armonía interna: tanta soledad puede recordarnos todo el tiempo la empecinada necesidad de estar con alguien para no tener que escucharnos. Estar solo no implica querer estar con alguien, pero estar solo tampoco significa querer estarlo.

Varios ríos de tinta hablan sobre la necesidad de quererse a uno mismo: quererse antes para amar después. Pero, esta vez, ese no es el asunto central de estos renglones. Va más allá de eso, tal vez más acá, un poco antes. ¿Por qué amar? ¿Por qué querer? ¿Para qué dejar que el corazón funcione como algo más que un órgano de vital importancia? Allí está la cuestión: ¿en realidad elegimos amar o la vida nos impone el amor –o la necesidad de enamorarse, que no es lo mismo– a todo momento?

Las películas, los libros, las canciones: la cultura toda se ha embanderado desde siempre con la imperiosidad de enamorarse para sentirse realizado y no perderse de uno de los hitos más importantes de la vida humana. ¿Pero es tan así? ¿Quién dijo que la vida no es vida sin amor? Que quede claro, antes que algún aficionado a Fromm lo refute, que estamos hablando del amor de pareja, de ese que no elegimos ni surge de las predisposiciones de nuestra sangre: nos referimos a ese amor que nos golpea tan fuerte que se nos pegotea entre las noches sin dormir y los días somnolientos. Una vez, en una entrevista, escuché a Isabel Allende decir algo así como que “la vida es muy seca sin amor”. Algunos prefieren las tardes lluviosas, otros los atardeceres de soles anaranjados. Quizás se trate en realidad de eso, ¿no? Cuando cae un aguacero, algunos abren el paraguas, otros salen a bailar por entre las callecitas. Cuando el ocaso despunta en el horizonte, algunos clavan sus pupilas en el amarillo, otros toman fotografías, y otros continúan con sus vidas como si nada estuviese pasando allá por donde muere el cielo.

Lo mismo pasa con el amor. Siempre está allí, a su manera, en sus mil formas y sus varias combinaciones indescifrables. Algunos buscan desentrañarlo para poder dominarlo… y lo único que consiguen es un amor tan fugaz que lo único que recordarán es el sabor de un beso borracho. Algunos se empeñan en encontrarlo… y cuando lo encuentran, se dan cuenta de que no saben qué hacer con él. Algunos le piden al destino y a todos los dioses que jamás le interpongan algo similar en su camino… y cuando mueren, por primera vez en sus vidas, se dan cuenta de que “ese algo” que les venía faltando era eso mismo de lo que tanto habían escapado. Esa es la cuestión con el amor: dependiendo del lugar en el que se esté, de la perspectiva desde la que se lo mire, podrá ser un veneno, un milagro o un final inesperado a esa historia que nunca se sabrá cómo empezó.

¿Cómo llegamos hasta este punto? No lo sé. Y así como hay días en los que me encanta estar enamorado y empaparme en lo más cursi del amor, hay otro montón en los que disfruto de encontrarme solo en la ¿soledad? de estar conmigo mismo. 

sábado, 25 de marzo de 2017

"La noche nos encuentra vestidos"

La noche nos encuentra vestidos,
abotonados a nuestros pudores
y con unas ganas deshilachadas
de que el tiempo se ahogue
y nos arranque aullidos en su funeral.

La piel se nos cae como un aguacero
que llega a ponerle fin al otoño
con el deseo encendido
de saltearse el invierno y aterrizar en diciembre
y amarrarnos a las chispas de un beso.

La noche nos encuentra vestidos,
perdidos en la lejanía de una cama tendida
que se aburre en la frialdad vacía
de no encontrarse ni una sola arruga
y con las sábanas aún apretadas.

La luz se nos esconde detrás del miedo
ese mismo que nos llena los pantalones
cuando ambos sabemos que un simple tirón
sería la solución a tantos silencios
y la respuesta a tantas discusiones.

La noche nos encuentra vestidos
lamentablemente. 

lunes, 30 de enero de 2017

"Nuestra última carta"

Querida vos,

¿cómo estás? Habrás notado que comencé esta carta con un “querida”… porque es así, a pesar de todo y de tan poco, te quiero. No puedo olvidar que te amé ni negar que todos esos sentimientos vivirán para siempre en algún lugar de mi corazón. No fuiste una más ni una menos. Fuiste vos, con todo lo que eso significa. Así que, aunque te cueste creerlo, para mí, siempre serás querida.

Con lo poco que me queda de tinta, vengo aquí con estas letras para escribirte y escribirnos nuestra última carta. ¿Cómo estoy tan seguro de que será la última? Bueno, al menos será la última que escribo desde la humedad de este tintero… y quién sabe cuándo volverá a llenarse. Quizás algún día, tal vez nunca. No lo sé. Lo que sí entiendo es que, para poder sanar, debo dejarte ir. Y es precisamente eso lo que no he logrado hacer desde la última vez en la que hablamos. Por una cosa o la otra, no hubo día en el que no pensase en vos y no me cuestionase qué podía hacer para salvarnos… hasta que comprendí que allí estaba el asunto: llegó la hora de salvarme.

Tengo que cerrar el círculo. Dar vuelta la página. Cambiar de rumbo. Como quieras llamarle, pero tengo que hacerlo, en el sentido más vital de la palabra. Mi vida tal como la conocí depende de ello. No quiero decir con eso que “todo tiempo pasado siempre fue mejor”, pero sí creo que este que vive hoy en lo hondo de mi sobra… este sí soy yo, pero no quiero serlo. Y para eso, tengo que empezar otra vez.

Seamos claros y sinceros. Con esta carta no quiero decir que, una vez puesto el punto final, saldré por ahí a enamorarme en un abrir y cerrar de ojos (aunque ambos sabemos que me resulta bastante sencillo hacerlo). No. Al contrario. Ya lo mencioné en otras oportunidades, pero te lo recuerdo: he llegado a comprender que para querer, debo quererme antes. Y estoy convencido (y anhelo que así sea) de que ese será un largo camino. Y quiero caminarlo solo, aunque seguramente no exista otra forma de hacerlo.

Me descuidé, me dejé estar, me abandoné a la comodidad de ser amado y me olvidé de lo imperioso que es quererse a uno mismo. No sé qué hacer cuando estoy solo. Apenas recuerdo qué hacer para que la soledad no sea un martirio sino una oportunidad. El silencio me agobia y es aún peor cuando intento callarlo con voces ajenas. Este no es un adiós para siempre, pero sí es una necesaria y merecida pausa. No a vos, no a nosotros: una pausa al amor.

Quiero volver a entenderme. Quiero dejar de encontrarme triste tantas veces al día. Al menos, quiero encontrarme triste y descifrar los motivos. Quiero mirarme al espejo y poder sonreírme. Quiero escribir, escribir y seguir escribiendo. Quiero dejar de postergarme. Quiero dejar de no escucharme. Quiero quererme antes, pero amar después. Algún día.

Creo que olvidé darte las gracias. Quizás en el último tiempo me he dedicado a resaltar aquellas cosas tristes o negativas que quedaron humeando entre nuestras cenizas, por lo que he olvidado mencionar aquellas cosas por las que siempre tendré un grato recuerdo. Tuvimos muchas de esas lágrimas de sonrisas, claro que sí. Si el amor no es reírse juntos, ¿qué es? Compartimos un montón de noches de Sol y tardes de sábanas apuradas. Hicimos que muchos silencios se volviesen dulces en tan solo un par de besos. Construimos nuestro propio lenguaje y fortalecimos aquellas cosas que siempre admiramos del otro. Por todo eso, y las cosas que seguro me estoy olvidado de repasar, gracias.

Siempre voy a estar acá y vos allá. Yo para vos y seguro que vos para mí.

Si algo me enseñaste es a no mirar atrás con enojo… Prometo no hacerlo. Espero que no lo hagas. Y que siempre, siempre, siempre recordemos lo mejor de aquel nosotros: lo abrigador de nuestro amor sincero. 

Te quiero,
yo. 

martes, 24 de enero de 2017

"¿Y si solo me enamoré de tu enfermedad?"

Aunque no lo quiera admitir, quizás sea la gran verdad que envuelve a todo este asunto: todavía te extraño.

No sé qué extraño. Un par de sensaciones. La tibia humedad de algunos besos. Lo áspero de los silencios. Lo reconfortante de tu mirada. Y aunque parezca ilógico, siento que hasta algo en mí extraña esos abrazos llenos de angustia.

Creo que extraño lo que una vez fuimos, o lo que una vez quise que fuésemos. Extraño momentos, algunas tardes, ciertas noches, casi ninguna mañana. Extraño saciar las ganas de verte a cualquier hora, en cualquier circunstancia. Extraño que hablar con alguien no necesite de un resumen previo a modo de “escenas del capítulo anterior”. Extraño que me escuches, aunque no extraño todas las horas que pasé deseando escucharte y no decías nada.

No lo entiendo. No tiene sentido. Pero lo siento. Aquí, en ese mismo lugar que necesitaba aire porque apenas podía desperezarse. Hoy, algo quiere volver a ahogarse. Quizás sea el ardor que aún repica de aquel crujido eterno que soltó mi corazón al partirse. Tal vez sea esa imperiosa necesidad de querer volver a abrir las cicatrices para sentirme vivo por un rato, mientras la sangre cae y la herida saborea el viento.

No, no te extraño. No te extraño a vos ni a nosotros. Extraño lo que siempre quise que fuéramos. Extraño esa tonta ilusión que alguna sonrisa alguna vez alimentó. Extraño creer que todo va a estar mejor. Extraño soñar con un “para toda la vida”. Al fin y al cabo, nuestro fin significó que todo eso se fuera: me quedé sin nada que reparar, sin nada que curar, sin nada con lo que ilusionarme que podría mejorar.

¿Y si solo me enamoré de tu enfermedad? ¿Y si solo me encapriché con ese deseo de curarte y de lograr que estuvieses en paz contigo misma? ¿Y si en realidad lo nuestro no fue más que un tratamiento, en el que siempre quise que te curaras, pero… al final, la cura no fue más que un veneno para nuestro amor? Cuando supe que la sanación estaba tan cerca, asomando en el cielo de tus ojos… de repente, tuve que irme. O puede leerse de otra manera: cuando comprendí que ya no había tratamientos posibles que pudiese probar contigo, ya nada me quedó por hacer y comprendí que era tiempo de marcharme.

Extraño tus besos… pero solo aquellos que se vestían con la salada humedad de tus lágrimas recién caídas. 

lunes, 14 de noviembre de 2016

"Un Sol hecho moneda"

Quisiera darte una luz
una especie de Sol hecho moneda
que pudieses plantar en tu cartera
y regarlo todos los días
en el silencio de buscar las llaves
o en la ansiedad de encontrar un chicle.

Allí estaría siempre
entre colitas de pelo olvidadas
y tantos “por las dudas”,
siempre dispuesto a la sorpresa
de sacarte una sonrisa
en la coincidencia entrometida de un estornudo.

Y de repente
el mozo traerá la cuenta
y la propina no será suficiente;
“Creo que tengo alguna moneda”, dirás,
y como inmediata consecuencia
el Sol le dará vida a tus ojos.

Como una campana que suena en el camino
irá dejando huellas musicales
en lo más rutinario de tus momentos
y en lo más áspero de nuestros desencuentros:
será causa y también consecuencia
de volver a unirnos en un beso.

Quisiera darte una luz
que haga del Sol nuestra moneda. 

jueves, 29 de septiembre de 2016

"Me duele decirlo, pero no funcionamos"

–Me duele decirlo, pero no funcionamos.
–¿Qué es funcionar?
–No pelear tanto… No sé, funcionar.
–No entiendo.
–Es como si no congeniáramos, como si todo fuera áspero.
–Nuestros besos no son ásperos.
–Ya sé, pero no hablo de eso…
–Nuestros abrazos no se sienten ásperos.
–Pero es que no es po-
–Cuando te miro, no siento asperezas. En todo caso, me siento presa.
–¿De qué?
–De no querer dejar de mirarte.
–…
–…
–¿Por qué a veces nadie tiene nada para decir?
–No sé.
–¿Por qué hay tantas veces en las que todo termina en un “no sé”?
–…
–¿Qué?
–No sé.
–¿Por qué nos peleamos tanto?
–Porque no tenemos el tiempo suficiente de amarnos como para que el pelearnos parezco menos.
–¿No tendríamos que adaptarnos?
–¿Y el lunes no tendríamos que haber empezado la dieta?
–Te amo…
–Y yo te amo a vos.
–¿Y entonces?
–¿Qué?
–¿Cómo vamos a hacer para funcionar?
–¿Sonreír no es funcionar? ¿Reírse de cosas que solo nosotros entendemos no es funcionar? ¿Conocernos en el silencio de mirarnos no es funcionar? ¿Saber que amás el sambayón no es funcionar? ¿Que sepas que no suelo saber qué decir, pero que igual te amo, no es funcionar?
–Sí…
–¿Entonces?
–Pero…
–¿Por qué funcionar cuando se puede amar?
–…
–Amar es funcionar. Funcionar no tiene por qué ser amar.
–…
–¿Qué?
–No entiendo cuándo vos empezaste a tener la razón en esta relación.
–No sé, pero seguí sonriendo. Eso me funciona.


miércoles, 22 de abril de 2015

"Nuestro lenguaje"

Tus labios me charlan y prevén
saben lo que quieren de mí:
un duelo hasta la muerte,
una muerte que se vive de a dos
y que jamás se cansa de besarnos.

Tus ojos me gritan y atrapan
como una red semántica silenciosa
que se ensambla a nuestro encuentro,
allí donde nace el reflejo verde-azul
para subir y volverse cielo nuestro.

Tus palabras me encierran y desdicen
ganando incluso las guerras no dichas
esas que fingimos entre las sábanas
y que concluyen en un grito blanco:
tan hondo y crespo que pica al pensarlo.

Somos vos y yo
navegando a las patadas
por lo amoroso de nuestro lenguaje. 

viernes, 10 de abril de 2015

"Una vez que se volvió veces"

En uno de esos “había una…”,
solos íbamos de vez en vez,
mirando al viento bailar silencioso
en los vaivenes del tiempo propio;
allí, algo nos hacía falta.

Una vez de esas veces
algo cambió insignificante
sin saber que sería para siempre:
el grito blanco de una luz rebelde
se escuchó retumbar desde la luna.

Esa fue la noche con más veces:
la primera vez que quisieron besarse,
la vez con más charlas tímidas,
la primera vez que desearon amarse,
la vez con más veces pidiendo por más veces.

El tiempo se hizo viento
y el viento se hizo tiempo espacial:
desde aquella vez, todo giró sin detenerse
y desde ese entonces
todos los días son un húmedo fuego.

En su vez y en su vez juntas,
en sus veces juntos,
no hay nada que viva tantas veces
como el asunto cariñoso
que da vida al sol desde un beso.

Veces… tantas veces…
y siempre un beso solar
a la vez
que se volvió veces. 

miércoles, 18 de marzo de 2015

"Una vez me enamoré (de vos)"

Una vez me enamoré
sin saber que me enamoraba,
me fue sucediendo sin darme cuenta
y cuando quise acordar
ya estaba envuelto en ella:
me enamoré sin darme cuenta
y me di cuenta de tanto amor
cuando de tantos suspiros
ya no sabía quién era.

Me enamoré sin saber qué hacía
yendo y viniendo por un cielo
que nunca había visto tan verde,
pero me enamoré
enamorándome todos los días
y cada día un poco más
y de manera distinta,
me enamoré en todos los lenguajes
y en todos los planetas.


Una vez me enamoré
de alguien que no imaginaba
podría llegar a enamorarme,
pero me enamoró tanto
que ni cuenta me di
que me estaba enamorando,
así que allí caí:
en esa red de rubios cabellos
y cielos verdes con pecas.
Esa vez me enamoré
y desde allí,
no pasó un solo día
en el que no viviese enamorado.

Me enamoré de vos
y acá estamos los dos. 

domingo, 15 de marzo de 2015

"Donde vos estás"

Allí, donde vos estás,
ese es mi lugar,
el pedacito de cielo
al que pertenezco
allí donde me siento vivo
y los dolores se callan,
no importa el dónde
si vos estás y me mirás.

Allí, donde tu sonrisa espera,
ese es mi lugar,
el rincón de tus ojos pícaros
al que siempre vuelvo,
allí donde me siento completo
y ni el silencio me acobarda,
no importa el dónde
si estás, yo voy.

Allí, donde estemos los dos,
ese será mi hogar con dulces,
el reino de tus sueños y los míos
al que nunca nos cansaremos de ir
allí donde nos sentiremos más juntos
y las dudas se apagarán solas,
no importa el dónde
siempre y cuando, seamos los dos.

domingo, 22 de febrero de 2015

"Carta para una tú"

Querida tú,

¿cómo estás? Me parece que hace tiempo que no nos encontramos. Al menos, hace mucho que no nos vemos como solíamos vernos: charlando en el silencio de la tarde. Claro está que ni tú ni yo lo quisimos así, pero así sucedió. Nadie dice que nos amemos menos. No, al contrario. Si estoy aquí y ahora, tipiando a estas horas de la tarde es porque te amo como hace mucho tiempo no lo hacía. Y, claro, porque quiero saber cómo estás.

Hemos estado muy ocupados en el último mes como para mirarnos directamente a la cara. ¿Es cierto que te teñiste de azul ese mechón del que tanto dudabas? De ser cierto, me gustaría verlo de inmediato. ¿Por dónde andas? Recuerdo la última vez que anduvimos por ahí. Había olvidado mi reloj en tu mesita de luz, así que nunca supimos a ciencia cierta cuánto tiempo estuvimos vagando juntos. Quizás eso era lo más dulce de aquello: caminar en la profundidad del sin tiempo, sin apuros, sin obligaciones ni atrasos. Deberíamos volver a visitar la esquina en la que nos conocimos sin darnos cuenta. Y volver a probar aquel té de manzana que nos abrió el corazón sin decirnos nada.

¿Sabes qué se me antoja en este momento? Además del té, claro está. Uno de tus pastelitos de coco y limón. ¿Cómo van los burletes que compramos para el horno? Espero que las tortas hayan dejado de desinflarse como las ruedas de mi bicicleta la última vez que me escapé para decirte “hola”. ¿Te acordas de tu cara cuando asomé de puntillas por la ventana de la cocina? Estaba empapado y muerto de frío. Nunca me voy a olvidar de cómo se sentía el aire a tu alrededor: coco, limón y vos. Fue la primera vez que probé uno de tus pastelitos. ¡Así me enamoraste! Bueno, no, solo así no. Pero qué ganas de comer uno de esos ahora mismo.

A esta altura debes de estar quejándote por mi vieja costumbre de no hablar de mí. Bueno, te voy a dar el gusto de saber de mí (pero en la medida justa, no me presiones). Estuve ayudando a una joven con su escritura. A eso me he dedicado el último mes. Y no te haces idea de la experiencia fascinante –y por momentos desesperante– que fue hacerlo. Guiándola por entre sus propios renglones, descubrí un montón de cosas de mi mismo. Y en ese proceso, me fue inevitable pensar en vos siendo vos. En cómo soñábamos juntos con escribir nuestro libreto y verlo cobrar vida cada jueves en la noche sobre los escenarios del centro. Cada vez que imaginábamos juntos… era como si el mundo se detuviese sobre nosotros y sacara apuntes acerca de lo que pensábamos. Sería lindo juntarnos y reírnos de las notas que nunca llegamos a desarrollar.

Volviendo a la joven, debo decirte que es una chica encantadora. Al principio la idea de enseñarle a alguien lo que siempre defendí que no se puede enseñar, me resultaba bastante molesta en el bolsillo. Pero, como ya te mencioné, en el proceso me di cuenta de que ella me enseñó muchísimo más de lo que yo pude haberle ayudado. Y la mejor paga de todas era su sonrisa cada vez que caía la tarde. Verla sorprendida por sus logros y sonriente por mi orgullo, me hicieron dar cuenta del verdadero valor de esas “clases”. Pero, al fin y al cabo, esas horas pegado a renglones ajenos, fueron las que nos distanciaron. Por ello las dejé atrás. Y aquí estoy de vuelta. Con la hoja en blanco y la tinta intacta. Con los sentimientos de antes pero con más entusiasmo. Esta vez, terminaremos de escribir juntos nuestra historia. Además, con lo que te he enseñado (y tú a mí) en el último mes, todo se nos volverá más fácil. Las palabras saldrán solas de nuestras venas. Y cuando queramos acordar, estaremos disfrutando de vernos en letras.

Bueno, el tiempo se agota y estás por terminar el último ejercicio antes del gran día, así que mejor voy concluyendo. En unos minutos volveremos a ser tú y yo. Los de antes. Los de siempre. Ha sido increíble vivir esto contigo, pero te extraño a ti. A la sonrisa inquieta que siempre anda saltando a mi alrededor. Me alegra haberte podido ayudar. Pero, ahora, es tiempo de volvernos a encontrar.

¿Vamos a caminar y tal vez, si la lluvia no nos gana, a tomar un té de manzana?

Con un creciente amor,
yo. 

viernes, 20 de febrero de 2015

"¿Me explico?"

Algunas veces me miras
preguntándome en tu silencio
cuándo y cómo
nos enamoramos tanto;
¿qué puedo cantarte?
Aún no hemos besado cielo
que sea techo de este brote rojizo.

Solo puedo decirte
un par y medio de cosas
que volando llegan a mis manos…

Si tú sonríes, sonrío.
Si tú sueñas, sueño.
Si tú me amas, te amo.
Si tú buscas, busco contigo.
Si tú temes, te cuido.
Si tú vuelas, vuelo.
Si tú vas al cielo, allí somos dos.
Si tú cantas, escucho.
Si tú hablas, sonrío y escucho.
Si tú vives, vivo.

¿Me explico? 

domingo, 7 de diciembre de 2014

"Girando y charlando"

Girando vamos por el cielo
ese que a veces es de sueños
y a otras se nos vuelve rojizo,
pero vamos, los dos, girando
entre soles de vergüenza
y vientos que nos llevan a China.

Comos dos acordes lejanos
que se encuentran sin darse cuenta
en un mismo tiempo lunar,
como dos rimas discordantes
que se miraron a la pasada
en un mismo cristal de paz.

Charlando vamos por la tarde
esa que a veces se vuelve noche
y se nos escapa entre besos de apuro
y ojos que se cuentan sus vidas,
pero vamos, los dos, charlando
en nuestro dulce silencio.

Como dos fechas tachadas
que un día decidieron destaparse
y conocerse sin rutinas ni sal,
como dos brotes azules
que una vez dejaron sus campos burbuja
y salieron a descubrir nuevos aires.

Girando y charlando
los dos. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

"Narrando juntos"

Me pregunto cuándo habrá sido el momento exacto en el que me enamoré. La historia es longeva y de apuro a la misma vez. Me pregunto cuál fue el momento preciso en el que todo cambió: cuando el cielo se tiñó de sus ojos y en el mundo solo se escuchó el borboteo tibio de su voz. ¿Cuándo, cuál, dónde habrá sido?  Las teorías no alcanzan.

¿Cuando la vi sonreír por primera vez, tal vez?
¿Cuando la lluvia comió su maquillaje y su piel quedó al natural, quizás?
¿Cuando las palabras se volvieron aquel primer silencio que pedía un beso a los gritos, puede ser?

Me pregunto y me doy cuenta de que la cuestión no vale. Me enamoré y me enamoro todos los días: es una historia que alguna vez comenzó, y mientras siga la tinta corriendo de nuestros corazones, ya no importa saber ni cómo ni cuándo, sino solo seguir narrando juntos

miércoles, 5 de noviembre de 2014

"Silencioso amor"

¿Sientes ese ritmo borboteando
como un espejismo que no se rompe
al estallar el sol en sus ojos
y caer la noche a nuestros pies?

Allí va el repiqueteo matinal
que inunda mis cielos de verde

y mancha mis rutinas con merengue
haciendo del mal un vapor de azúcar.

¿Quién dijo que el sol en los ojos quema?
tal vez hubo una equivocación;
ayer la noche me acostó a su lado
y solo ardían sus labios en los míos.

Algo pica y me apuñala
subiendo por mi cuello aún rasgado
recordándome un encuentro tímido
que se volvió mundo de solo los dos.

Las excusas me saben a poco
y el pecho grita y reclama su voz con voto;
“¡quiérela como si no hubiese razón
para nunca dejar de hacerlo!”.

Miro al cielo y solo me pregunto…
¿caminaremos esta noche por la luna
al ritmo del silencioso amor?