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jueves, 2 de noviembre de 2017

"La ventana de la calle Ejido"

Paso por tu ventana y me encuentro con el ángulo tímido de tu cortina, siempre intacta, mirándome con tristeza: adentro una inmaculada oscuridad que todavía late amarga. Afuera, desde enfrente, yo: mirando cómo ya no estás para mirarme. Para gritarme un saludo. Para sonreírme sin sonreír. Cuatro marcos rodean vacío el recuerdo de tu sombra: allí sigue vivo tu silencio, los secretos que me confiaste, las cosas que nunca me dijiste, las meriendas que tantas veces compartimos y el ardor suculento de una adolescencia que nos separó demasiado pronto. De repente, una luz se enciende: mi corazón se acelera y me entusiasma la idea de que corras la cortina y me encuentres buscándote desde la soledad de la calle. Uno, dos, siete y al final quince segundos: la luz se apaga y vuelve la oscuridad. Tan oscura como siempre. Más oscura que nunca. Me pregunto si allí seguirán tu cama, tu escritorio, tus dibujos y tu ropa. ¿Tu olor? ¿Tu tos? ¿Tu picazón? Quizás todavía sigue allí el libro que te presté: quizás todavía lo sigas leyendo. Quizás todavía estén sobre tu mesita las cuadernolas de literatura y también las de matemática. Un par de chicles de Bob Esponja que sobraron de un cumpleaños del que ya no nos acordamos. Una ventana: te sigo buscando. Que el vidrio se empañe. Que la cortina se mueva un milímetro. Que la luz se encienda viva durante toda la madrugada. Que el tiempo vuelva atrás y la cortina se abra, la noche se detenga y el invierno nos encuentre entre pocas palabras y muchas sonrisas, hundidos entre nuestros planes de conquista: que ella todavía no sea tu novia, que sigamos pensando cómo podés hablarle, a dónde pueden salir por primera vez, qué sabor tendrá su segundo beso, quién podría comprarles un paquete de condones. Un ómnibus que pasa me devuelve a la lejanía de no encontrarte: yo estoy acá, pero vos no estás allá. Una ventana vacía. Una calle triste. Un recuerdo quieto. Sigo caminando.

domingo, 21 de mayo de 2017

"La última bala"

Esa fue la última bala
para que todo –al fin–
terminara de cobrar sentido:
la historia gira y se repite
y el muerto vuelvo a ser yo.

Tantas veces y tantos días
me dejé conquistar sin recelo
por las palabras siempre vacías
de un abrazo amigo
que terminó siendo un saludo más.

En vos volví a confiar,
en vos volví a creer,
en vos volví a dejarme ser,
en vos volví a no mentir…
y ese fue mi mayor error: vos.

El alma me duele y se desangra
hasta el último recuerdo juntos:
¿cuándo pasó todo esto?
El mate ya no nos espera,
las tardes ya no nos arreglan.

Él murió hace varios soles
y ahora, desde mi honda tristeza,
tengo que decirte sin más versos
que a pesar de luchar y gritar…
ahora vos también estás muerto.


Gracias por pasar
y gracias por irte a tiempo. 

lunes, 29 de junio de 2015

"Recuerdo... que te olvido"

¿Te acordás de aquella vez en la que hablamos hasta la madrugada? Era verano, me acuerdo muy bien. Fue de las pocas veces que me quedé en tu casa hasta tan tarde; quizás la única. Hablamos de ella, de ustedes y un poco de nosotros. Teníamos hambre, pero la conversación apenas nos dejaba respirar. Hablamos como solíamos hacerlo: tan concentrados que parecíamos distraídos.

Recuerdo lo que venía sucediendo. ¡Mirá que la sufrimos! Pero también nos reíamos. Nuestros amigos jamás nos dieron la espalda. Y ya sabes quién siempre estaba para hacernos sonreír con sus guarangadas. Éramos felices. Llenos de contradicciones y sentimientos confusos, pero felices. Supongo que era porque teníamos cosas por las que alegrarnos como buenas notas o haber pasado el último nivel en la computadora. Ahora que lo veo en retrospectiva, estimo que éramos felices porque nos teníamos el uno al otro. Y con eso, en gran medida, alcanzaba.

Recuerdo que la ventana estaba empañada cuando me fui… Qué curioso, ¿por qué estaría empañada si era verano? Tal vez… No… No puede ser. ¿Era julio? Hasta hace poco todo estaba tan claro. Recuerdo que dormí en tu cama y tú en el sillón… y me tapé hasta la cabeza. Era julio. No era verano. Estábamos en invierno; un invierno que rajaba los vidrios. Pero sí era de madrugada, eso sí está claro.

Recuerdo que hablamos hasta tarde… No puedo dudar de ello, porque esa fue la razón por la que me quedé a dormir donde usualmente no me quedaba. Y hablamos de ella… y de vos y ella… y de nosotros… ¿De qué hablamos, en realidad? Sé sobre quién hablamos, pero no recuerdo ni una palabra de los que dijimos. “Arriesgate”, “No sé qué puede pasar”, “Mejor no digo nada, vamos a dormir y mañana vemos”; recuerdo frases como esas. Momentos sueltos que se unen lejanos. Pero no logro esclarecer a qué llegamos: ¿qué hicimos? Bueno, sí, sé qué hicimos: recuerdo cómo concluyeron las cosas. Pero no qué pasos exactos decidimos tomar. Es tan extraño… porque éramos tan meticulosos. No lo entiendo.

Recuerdo que hablamos de amor. El tema te tenía muy preocupado. Por eso nos quedamos despiertos hasta tan tarde. Tenías que tomar una decisión; bueno, teníamos que hacerlo, porque en aquel entonces no dábamos un paso que no fuera en conjunto. Era nada o todo por ella. Ella… Sí, ella… ¿Quién? ¿Te acordás de quién hablábamos? Sé que hablábamos de una ella. Porque recuerdo tu rostro: tenías la mirada cansada y el corazón resonando en tus mejillas. Pero no logro acordarme de quién hablábamos con exactitud. No tiene sentido.

Recuerdo que hablamos hasta la madrugada. Nunca habíamos pasado tanto tiempo juntos. Nunca… nunca pasamos tanto tiempo juntos. ¿Lo pasamos? ¡No puede ser! ¡No me acuerdo! Hasta hace un instante tenía la certeza de que habíamos estado ofuscados por horas en torno a discusiones infinitas, y ahora ni siquiera logro establecer hasta qué hora lo hicimos. Quizás… No. Tal vez… Me rehúso a creerlo. Pero solo quizás… quizás no hablamos. Quizás estuvimos en silencio. O tal vez… ni siquiera estuvimos juntos esa noche.

Recuerdo… recuerdo cada vez menos. Ahora solo tengo claro que tengo miedo a olvidarte. A olvidar lo más básico de nuestros momentos: tu forma de hablar, los temas de conversación, los lugares que frecuentábamos. Te olvido. A cada día que pasa te olvido un poco más. Se borran nuestras charlas. Se borran nuestros abrazados no dados. Como un montón de hojas de otoño… que un viento frío esparce por el aire y el tiempo.

Recuerdo… que aunque me lastima el alma y no quiero hacerlo, igualmente te olvido.


¿Qué hago? ¿Me escuchás? ¿Te acordás de mí…? Porque yo creo que no sé quién soy desde hace mucho tiempo.


lunes, 29 de diciembre de 2014

"Un año atrás"

Atrás. Hacia atrás voy saltando en un pie pero aún mirando hacia adelante. Atrás. Allá voy de ojos bien abiertos y memoria dispuesta. Atrás. Caminando sobre mis propias huellas y volviendo a rozar pasados momentos de un ayer aún temprano. Atrás… un año atrás.

Recuerdo. Recuerdo que hubo fotos, muchas fotos; cámaras de video y luces que no prendían o que rompían los ojos; nervios por montones, tal vez demasiados; ¿vergüenza? ¡claro que si! (¿cómo no haberla?); también hubo escenarios llenos y otros más vacíos: pero en todos hubo actuar con distintos rostros; un montón de besos, abrazos y mates de canela que llegaron a tiempo y otro montón que quedaron en el tintero; hubo sonrisas encendidas y también de las rojizas; recuerdo… que hubo.

Pero mirando hacia atrás y palpando al presente, puedo decir más. Hubo y hay nuevos rostros que se pintan de un solo trazo en mi cielo cada vez más celeste. Son compañeros que se volvieron amigos y después soles. Son charlas que pasaron de un “¿qué hay para mañana” a un “te conozco, ¿qué te pasa?”. Son silencios que de ser incómodos pasaron a ser comprensivos y amables. Y allí surgieron relaciones a distancia y otros a corto plazo: todas hermosas y lindas en su paso, incluso, más fugaz. Allí nacieron conexiones sin cables ni ciencias: esos pensamientos al unísono que se volvieron una sola voz en el frío de la antigua soledad.

Recuerdo el no querer nada. Aquel sentimiento de vacío agradable. Solía disfrutar el vivir con el corazón en pausa; allí, detenido en un tiempo muerto que se sentía como vida. La soledad era una opción tomada, y no como consecuencia de reproches ajenos ni de un falso auto perdón. No. Así estaba bien. Hasta que alguien me hizo dar cuenta que podía estar aún mejor. Que había otra opción, otro color con el que pintar el cielo. Allí el verde trepó por mis ideas y mis sentimientos, y se impuso alto y vencedor: allí el amor resurgió como camino y luz. Recuerdo la incertidumbre, el miedo, la vergüenza y el temblor: todos como si hubieran sucedido en un mismo ayer. Y aunque fui volviéndome una máquina de desdecir mis predicciones pasadas, contradecirse a uno mismo, nunca había tenido tan buen gusto (ni tan lindo perfume). El amor llegó y lo inundó todo; el amor llegó y sembró nuevos horizontes; el amor llegó… y en el momento menos esperado, la historia dio un giro.

La esperanza se renovó de repente. Y los motores de mi vida parecieron recibir aire fresco y vientos nuevos. Todo a mi alrededor comenzó a cambiar. Los soles de siempre comenzaron a sanar, lento, pero con firmeza y claridad. Y esos mismos soles, no se apagaron ni un poquito: el fuego se hizo más fuerte y cada vez menos ajeno. Los amigos siguieron siendo amigos. La familia se unió un poquito más. Todo, todo tuvo ganas de brillar al mismo tiempo. Incluso la facultad se lució y me llenó de enseñanzas mucho más allá del salón de clase.


Así, esto parece terminar en el reloj, pero recién comienza en mi libro. Se cierra un año que se encargó de comenzar un nuevo capítulo. Una especie de bisagra entre todo lo que pasó y todo lo que vendrá. Y ojala todas las nuevas historias que comenzaron juntas a correr bajo el sol del 2014, sigan corriendo juntas por muchísimo tiempo más. Juntas a la par. Y todos podamos seguir narrando juntos… como ahora… como hoy… como mañana (¡ojala!). 

viernes, 4 de abril de 2014

“Hay cosas que no se irán”

No temas si aún cuando creces
sientes ruidos bajo tu cama
porque jamás se irán esas veces
de días oscuros sobre tu alma

Rasga, sacude y tiembla
hay cosas que no se irán

Vayas a donde vayas
habrá cosas que seguirán allí
susurrándote miradas viejas
por ser ellas solo tuyas
todas de un mismo ahí

Habrá otoños con menos lluvias
y habrá lluvias más verdes
hasta entonces bastará mirar
aquellas pasadas y suaves gotas
que surgían de amigos aires

Rasga, sacude y tiembla
hay cosas que no se irán

No temas si aún estando lejos
saboreas vientos de otros tiempos
porque aunque casi los olvides
volverán cada primavera, lentos, muy lentos…

Rasga, sacude y tiembla
hay cosas que no se irán

Aunque vivas eternamente solo
nunca podrás sentirte en soledad
hay vidas, hay soles que no se irán
montones de almas sin protocolo
que no volverán a tener edad

Simplemente siempre habrá
horas, pieles, lágrimas y nostalgia
cosas que jamás podrás olvidar
seguramente algo te abrumará
tranquilo… ya menos va a picar

Rasga, sacude y tiembla
hay cosas que no se irán.

domingo, 30 de marzo de 2014

"Tu (otra) vida"

Tu vida terminó aquel día
cuando el concreto se selló
entre lágrimas y flores
entre miedo y dolor.

Me cuesta creer, a veces,
que tuviste una vida distinta
una que jamás conocí;
me pregunto si habrás sido feliz.

Amigos, novias, conocidos
rostros a los que jamás te uní,
todos caminando en tu vida
esa en la que una vez sol fui.

Dicen que incluso, a veces,
hablabas de tus latidos
y de cómo se sentían al tacto;
te ibas y tu otra vida lo sabía.

Tu vida no terminó aquel día
en el que el cielo se cerró,
tu vida seguirá eterna
hasta que los otros lleguen a ti.

Tuviste una vida que no conocí…
ya me la contarás. 

jueves, 6 de marzo de 2014

"Voy a decirte algo"

-Voy a decirte algo-
-Bueno, decime-
-Voy a decirte dónde está guardado mi testamento-
-¿De qué hablas? La noche siempre te pegó mal a vos…-
-De verdad. Vos escuchame, ¿podes hacer eso por mí?-
-Bueno… Te escucho-
-Gracias-


No estoy diciendo que vaya a morir pronto. No, de ninguna manera. Por el contrario, desearía que este fuese el comienzo de una larga vida. Y no me importa que sea cuesta arriba o cuesta abajo, ni que a veces se nuble y otras salga húmedo el sol. Ya he pisado cáscaras de huevo y bebido hieles ajenas. Ya nada puede herirme más. Ya nada puede darme más felicidad. Son pocos años los que llevo en esto, pero de verdad, siento que ya me he recibido. No porque haya hecho siempre todo lo que quise. No, al contrario. Me quedan muchas cosas por hacer. Muchísimas cosas que quiero y otras que no. Pero las haría todas. Sin embargo, lo que he hecho me basta. Me basta para ser feliz y triste a la vez. Le he dado tanto a la gente de mi alrededor. A los más cercanos y a los no tanto. Y he recibido y aprendido tanto de ellos y de otros. No estoy en una cresta pero tampoco en un valle. Estoy en una meseta, desde la que puedo ver todo lo que he hecho y puedo divisar todo lo que quiero hacer. Creo que pocas veces alguien puede ser tan crítico, reflexivo y nostálgico, a la misma vez. Estoy en paz. Nada más y nada menos que eso: paz. Y no fue necesario que muriese para alcanzarla. Estoy… me siento más vivo que nunca. Porque los sentimientos son los que nos hacen estar más cercanos a la vida. Y hoy, tengo muchos sentimientos en mi alma. Dolor, amor, alegría, tristeza, melancolía, regocijo… y más. La diversidad y ambigüedad de mis sentimientos presentes y los remanentes de los ya latidos, me hacen sentir más vivido que nunca. Quizás creas que exagero y que estoy exacerbando la sensación de una noche de mi vida. Pero no lo sé. Ahora, en este preciso momento, no lo creo ni lo siento así. Y eso es lo que me importa. Ahora. Este momento. Latiendo a tu lado. ¿Sabes…? Gracias. Gracias por haber coincidido en esta vida conmigo. No sé a quién agradecerle, aún no lo descifro. Pero a quien sea, gracias. Porque si muriese hoy… moriría habiendo vivido. 

domingo, 2 de marzo de 2014

"Esta noche voy a salir a asesinarlos a todos"

Esta noche voy a salir a asesinarlos a todos. A todos y cada uno de ellos. A cada nombre que por muy poca o mucha maldad, marcó mi vida. Y como dicen que el amor es el que mueve la vida, concluí que el desamor hace girar la vida en el sentido contrario. Así que, aunque todo esto sea personal, vale aclarar que no es ni fue culpa mía. Si alguien morirá esta noche, no será, corrijo, un asesinato, sino que, por el contrario, será un suicidio que no llegó en hora: años antes, ellos cargaron estas armas que hoy salen a besar el aire y corromper los últimos alientos.

El olor a pólvora y sudor comienza a invadir el aire del auto. La ruta es larga y oscura; el horizonte claro desde hace mucho tiempo. Los destinos ya perdieron un orden, ninguno es más importante que otro, ninguno vale la pena priorizar. Todos, a su única y vagabunda manera, pisotearon mi vida y le quitaron profundidad a mis ojos. Así que allá vamos: el destino, la fecha de vencimiento y yo. Y no nos esperen ni preparen café, será cuestión de unos segundos. Saludamos y nos vamos.

Pensando voy y me resulta irónico pensar en ellos como parte de mi pasado. ¿Por qué dejé que entraran a mi vida? Quizás fue culpa de las vicisitudes propias de la adolescencia, que nos enfrenta a los dilemas más adversos y acalambrados de la psiquis. Ese combate por ser constantemente aceptado y aprobado por el entorno que vive a nuestro alrededor. Quizás fue ahí cuando cedí y dejé que entraran a mi vida. Definitivamente si. Porque antes o ahora, no lo habría permitido. Pero en ese entonces… me había cansado de luchar contra el viento.

Fueron amigos, amores, compañeros de estudio y de noches en vela. Todos, un puñal por la espalda. En el momento menos indicado. En la circunstancia menos venida. Como lectores adictos a la carroña que ya comen los ajenos. Cumpleaños, velorios, duelos, anuncios de compromisos, festejos patrios, internaciones, primeros días. Todos y cada uno conservan sus correspondientes fechas y horas bajo el brazo. Quizás sin saberlo. Quizás sin jamás haberlo concluido. Pero el tiempo que dejé pasar, ya fue suficiente. La oportunidad a la redención, estuvo días y noches, esperando en cada puerta y en cada balcón. La espera… ya me consumió.

También, aunque no quiera decirlo, le encuentro su sabor amargo a todo esto. Pero no por mi culpa, ah no, yo no tuve nada que ver. Fue su puñal en mi espalda. Seguramente, todo esto también me duela por el hecho inevitable de que una vez… esa mano que ensimismó el filo, supo ser consejera y remachadora de grandes dolores. ¿Cuántas veces nos habremos embebido mutuamente bajo una misma noche de enero? Son incontables e imposibles de volver a reproducir, tantas risas ensambladas y tantas lágrimas susurradas. Creo que la realidad no es más que una acumulación de las pesadillas que tenía en aquel entonces: siempre temí con la llegada de este y de otros días. Siempre intuí que algún día, el dolor llegaría para quedarse. Y que ellos, ya no estarían.

Heme aquí. Frente a esta vieja puerta que tantas veces me dio entrada a un sinfín de horas juntos. Esa misma que cerré con fuerza la última vez que los vi. Aquella noche que me fui llorando, con el alma por el piso y la humillación por los hombros. Aquella misma noche en la que comprendí que ya nada sería igual, y que nada había sido como yo lo había imaginado.

Basta. Basta de balbuceos. Esto es algo que debí hacer hace mucho tiempo. Tal vez, incluso, debí hacerlo aquella misma noche, antes de cerrar la puerta. Porque, de esta forma, la puerta jamás cerró. Es un círculo que no quedó completo. Una cuenta pendiente… que nunca dejó de atormentarme. Aquí voy…

-¿Vos? ¡Volviste! No sabes cómo te hemos extra- y se calló. Y nadie más intentó hablar.

Un solo tiro, y no hubo más palabras. Un solo tiro, y ya no hubo tormentas. Un solo tiro, y todas las cuentas quedaron saldadas. Un solo tiro… y dejé de vivir para estar en paz. 

viernes, 24 de enero de 2014

"Ella ayer, Ella hoy"

Anoche la ciudad me dijo
que revisara fotos oxidadas;
lo lejano vuelve a picar
lo cercano amenaza con temblar.

Busco y encuentro cartas vencidas
allí dijimos tan poco que era mucho
creyendo que era mucho y era poco:
la duda sube y cae en la luna.

Te miro y te recuerdo en esos días;
no eres aquella que reía escondida
dices, miras, muerdes sin pensar:
la primavera nos floreció de confianza.

Quizás seas la primer última opción
puesto no merecido en la razón
lugar así sentido en la pasión;
¿por qué no escucho al corazón?

Anoche la ciudad me dijo
que te llame y te deje ser. 

martes, 12 de noviembre de 2013

"¿Nunca has...?"

¿Nunca has querido
silenciar al mundo
y dejar simplemente
que fluyan
las lágrimas
las voces ajenas
las verdades no dichas?

Heme aquí…
Queriendo.
Deseando.
Anhelando.

¿Nunca has pensado
en correr lejos y más lejos
y dejando de lado el mundo
olvidar las rutinas
olvidar las apariencias
olvidar las frustraciones?

Heme aquí…
Pensando.
Reflexionando.
Sinapsiando.

¿Nunca has sentido
una necesidad tan transparente
que con solo sentirla
pareces besarla
emulas crearla
pretendes caminarla?

Heme aquí…
Sintiendo.
Experimentando.
Latiendo.

Ojalá mañana
me encuentre tal vez allá…

miércoles, 30 de octubre de 2013

"No respondas (pero...)"

Hoy te extraño
como si los meses
no hubieran sucedido,
te extraño como
si ayer hubiese sido
el ayer de hace unos meses,
como si recién
te hubiese conocido.

¿Acaso será el día
que llora roñoso
en el ventanal
que ya no da al cielo?
¿Será, tal vez,
las demasiadas alucinaciones
que he sufrido
en la calle y mis sueños?

Hoy te recuerdo
como si tan solo hace horas
hubiésemos tomado un café,
te recuerdo tanto
que aún escucho tu voz
susurrándome por la ciudad,
tanto… que aún
te hablo cuando no respondes.

¿Será, quizás,
causa de las lágrimas
que hoy vi derramas ajenas
en ojos casi propios?
¿Podría, con razón,
deberse a que el tiempo,
aunque lo cure todo,
siempre llega tarde?

No respondas,
pero no dejes de escucharme.

viernes, 13 de septiembre de 2013

"De decepción en decepción"

Vivo de decepción en decepción,
o decepciono, o me decepcionan.
¿Por qué?
Porque así somos:
humanos hasta para vivir.

Siempre esperé mucho
de quienes esperan
pero dan poco,
fueron amigos, novias, enemigos:
abrazos, besos, guerras
que no sucedieron.

Vivo de decepción en decepción,
decepcionando a los fieles
y siendo decepcionado por dios
(y decepcionándolo a él),
¿por qué?
porque así son las cosas:
insaciables hasta de fe.

Alguna vez pensé
en dejar que la lluvia
cayera sobre mi, y mojarme,
y que no importase la humedad,
pero lo hice y salí herido;
no sabemos vivir en libertad
(de pensamiento y prejuicios).

Vivo de decepción en decepción,
sabiendo quien me va a decepcionar
y golpeado por quien no sabía
también puede ignorar en el lecho final.
Amigos… pocos,
¿por qué?
porque así son las cosas:
no estamos dispuestos a dar
lo que no nos dan.

martes, 27 de agosto de 2013

"¿Me escuchas?"

No hay palabras,
no hay melodía,
no hay mirada,
no hay abrazo de oso,
no hay recuerdos
que calmen tan amargo dolor
que apacigüen el sufrimiento.

Cuando un alma se va
con ella
se van silencios cariñosos,
se van manos que nunca huían,
se van reflexiones
que a nuestro favor siempre jugaban,
se van besos
y se van puñaladas,
se van los pasos
que una vez dejaron huella a nuestro lado,
se va lo que era un mundo
que ahora es solo silencio en el silencio.
Muchos dicen
que el tiempo cura todo,
que una vez que las lunas pasen
el alma sana
y todo vuelve a empezar,
¿pero saben qué?
Yo no quiero sanar.
Yo no quiero curarme.
Porque así no estoy bien
pero sin la enfermedad
de recordarlo todos los días
en cualquier rincón
a causa de cualquier rutinaria bobada,
sin eso cosquilleo que arde,
estaría peor,
estaría muerto,
estaría dibujando mi futuro
y borrándolo con la otra mano.

Quizás alguna vez
haya preferido
“decirte adiós”,
pero hoy, ahora,
por más que lo quiera,
el adiós no surge,
la despedida no nace,
porque no puedo,
no quiero
no es eso lo que necesito.
Necesito que camines a mi lado
quejándote del tiempo
y de la inseguridad.
Necesito que me hables
de esas cosas que no me interesan
pero que me gusta verte contar.
Necesito que me escuches
esas cosas que solo vos
sabías escuchar.
Necesito que cuando despierte
pueda ir a algún lugar a buscarte
y caminemos juntos
y riamos juntos
y lloremos juntos.

No hay “te quiero”,
no hay “estoy con vos”,
no hay “te entiendo”,
no hay “vamo’ arriba”,
no hay “hay que seguir”,
no hay nada
que sane este dolor,
no hay nada
que haga que deje de extrañarte,
no hay nada
que no me haga necesitarte,
no se ha inventando cura
que venza a la muerte
y te devuelva a mis días,
tal y como todo era ayer
y antes de ayer
y antes de antes de ayer…

¿Me escuchas? 

jueves, 15 de agosto de 2013

"Charla con Dios"

Lamento mis modales (no he dicho amén), o tal vez no lo hago, aún no lo sé. Si sé que he venido a decirte las cosas como son, como yo las entiendo, como yo las sufro y lloro día a día. Una vez mi abuela me dijo que a las personas buenas, le pasaban cosas buenas. Y que a las malas, tarde o temprano, o le pasabas cosas malas, o se les presentaba la oportunidad de ser buenas. Al año siguiente, ella murió. Y lo entendí y lo sufrí: los viejos algún día morirán.

Ese fue mi primer encuentro con el dolor. Fue un puñal que caló tan hondo en mi pecho, que todavía duele cuando respiro agitado. Pero la herida sanó. Y claro que dejó huella; la gente no se olvida de la gente. Pero seguí adelante. Caminando por la vida con un ángel en el cielo. Sintiendo el sol brillar un poquito más que antes.

El tiempo siguió corriendo y yo seguí caminando. Conocí la amistad y el amor, aprendí a sonreíry aprendí a llorar un poco menos (quizás eso no fue bueno), descubrí la mentira y sus consecuencias; las buenas y las malas, adquirí conocimientos útiles e inútiles, me busqué y no me encontré, me perdí y sin quererlo me vi a mi mismo solo y con heridas en el alma. Allí, cuando me encontré amargo y estúpido, le di un giro a mi vida rogándote por oportunidades de cambio en base a  mi voluntad. Y bondadoso y amigo, me diste la oportunidad de girar mi vida. Y allí todo mejoró: llegaron más sonrisas, más amigos, más besos de apuro y formas de aprender.

Al tiempo, otra alma dejó mi vida. Una tía cansada de lucharla, partió rumbo a tu reino con los ojos cerrados. Y el puñal nuevamente se hundió en mi cuello. El dolor fue tan grande, que el aire me sabía a veneno en la sangre. Y de ese modo, no como lo hubiese querido, mi vida volvió a quebrarse. Me volví más fuerte, me cerré para mi mismo y me prometí que no volvería a llorar. Sería fuerte para mis seres queridos. Sería un abrazo silencioso que no sufre ni se acobarda. Y claro, no estuvo bien haberlo hecho. Pero las cosas así fueron.

Pero seguí caminando, de frente y de la mano con mis amigos. Y con el tiempo, volvieron a llegar nuevas sonrisas, volvieron los desconocidos que se vuelven grandes amigos e incluso me enamoré. Y como si tus dedos se hubiesen agitado sobre el reloj, sin darme cuenta, me encontré despidiendo un ciclo de mi vida. Con esperanza le dije adiós. Con temor te pedí que no me dejaras solo. Con alegría, miré todo lo hecho y le sonreí a los que ya no estaban.

Reglas son reglas: todo lo bueno quedó atrás, y el dolor, volvió a caer sobre mis hombros. Y te metiste con quien me dio la vida. Tu soplo venenoso entró en el alma de quien es mi vida. Un día, mientras llorábamos juntos, ella me miró a los ojos y me dijo: “Creí que a las personas buenas, le pasaban cosas buenas. Creí que era buena…”. Y allí, el mundo se me vino abajo. Toda certeza, todo cimiento, todo conocimiento y olvido, se precipitó al vacío. La tierra se rajó en dos y la fiebre me trepó por la espalda hasta volverse ardor en el corazón. No supe qué decirle. No tenía respuesta. Solo sabía que ella si era buena: no conozco persona más buena.
Aquí estamos, peleándola día a día. Remando contra la corriente. Quebrando todos los obstáculos que se presentan. Pero no salimos del pozo. Un paso hacia delante es como volver dos hacia atrás.

Allí ya comencé a cuestionarte. A preguntarme si sabías lo que hacías. Dejé de creer en tus “representantes” y me entregué a tu voz. Y hablamos mucho, vos lo sabes. Me escuchaste y me respondías a tu manera. No te escuché, y seguiste allí a tu manera.

Pero tu juego no termina, no acaba jamás. Un día entendí, que tu sed jamás será saciada. Te llevaste sin aviso a quien sabía leerme la mirada. Lo tomaste entre tus dedos y lo arrebataste de mi vida, de la vida de sus amores y sus amigos: te lo llevaste sin permiso. Y el dolor se hizo fuerte una vez más. Aquí sigue, apretándome el corazón. ¿Y sabes qué? Ya no te entiendo.

No entiendo a qué estás jugando. No entiendo tus por qué.
Creo en vos, ambos lo sabemos bien, pero ello no quita que ahora estemos peleados. Porque no puedo entender tu razón para llevarte a alguien tan joven, a alguien que aún no había vivido, a alguien, que también era de los buenos.

Me gustaría que bajaras y hablemos. Que me mires a los ojos y me expliques por qué. Porque ahora, hundido en este dolor, sufriendo un puñal más en lo que va de mi corta vida, no lamento decirte que no te entiendo. Y en este momento, no sos ningún amparo ni resguardo. ¿Y sabes qué? No temo darte la espalda. No temo decirte que no. No temo que no me escuches. Porque ahora, con tanta tristeza pegada a mis ojos, siento que jamás estuviste allí. Lamento (¿lamento?) no poner las cosas en la balanza. Lamento, un poco tal vez, no compensar las lágrimas con las sonrisas que me has dado. Pero, ¿sabes qué? Dudo de poder tener los suficientes recursos, como para equiparar las cosas. Es demasiado el dolor. Es demasiado el sufrimiento. Es demasiado el desentendimiento.


Hoy, ahora, en este momento, siento que me abandonaste. 

martes, 13 de agosto de 2013

"Jamás diré adiós"

Pocas cosas duelen tanto como perder a un ser querido. Pocas personas cavan tan profundo en nuestra alma, que nos dejan una huella que jamás podrá borrarse. Pocos días nos golpean tan fuerte al punto tal de solo ser pensados e inmediatamente provocar lágrimas en nuestras pupilas tristes.

Jamás estaré preparado para decirte adiós. Jamás dejaré de llorar nuestros silencios tontos. Jamás miraré hacia el mar y podré evitar verte en cada ola que rompe a mis pies. Jamás silenciaré al viento cuando tu voz se haga cómplice de la primavera para recordarme que aún estoy vivo y lo debo valorar. Jamás taparé tu sol con el dedo.
Fui tonto y me arrepiento. Fui culpable de muchas de tus sonrisas tímidas y no lo lamento. Fui un guerrero que en silencio también peleaba tu batalla y ahora creo que debí gritar más cerca del frente enemigo. Fui generador de mis propios enojos basados en tus silencios y también lo lamento. Pero también fui tu amigo, y por eso te agradezco.
Miro el cielo y me recuesto sobre el pasto. El azul se funde con el celeste y este se une al blanco. Acaricio el aire que me palmea la espalda. Cierro los ojos y te veo reír entre números y letras. Me levanto y camino hacia el horizonte. ¿Promesas? Si, una. Tal vez dos. 
Jamás te olvidaré. Jamás la dejaré sola.

jamás podré decirte adiós.

sábado, 27 de julio de 2013

"Ciclo vital de los problemas"

Dolor.

Llega de repente
y con los brazos cruzados,
mirándote de arriba abajo
con ojos de serpiente
aliento de asesino
y con la sangre aún fresca
en la mandíbula del estómago.
Llega hambriento
y todavía excitado.



Rechazo.

El mundo se dio vuelta
y mi este ahora es norte
y los amigos ahora desconocidos.

La historia se volvió aburrida
con personajes silenciosamente suicidas
que escapan de mi vida
hasta quebrar sus siembras.

Cultivé rosas rojas y blancas
que hoy duermen en ataúdes distintos.



Debilidad.

El reflejo egoístamente rutinario
me hace tambalear el orgullo,
pierdo el control del timón
y el viento me empuja al desierto;
allí donde habrá guerra y reproches
de esos que conozco y me empalagan
de esos que facturo y devuelvo.
Caigo al agua y no hay alerta,
soy un niño que se ahoga
en lo profundo del silencio ajeno.



Huída.

Escucho detrás de mis huellas
sonar la puerta con furia y tristeza,
me contagio con solo escucharlo
y ahora soy, también, silencio.

El manubrio se rompe,
el auto impacta en la esquina,
y el andar, se olvida a cada caída.

Desaparecido en acción
dejo de mirar las noticias
y me embarco en la misión más difícil:
buscarme para sanar.



Sanar.

jueves, 18 de julio de 2013

"¿Duele verdad?"

¿Duele verdad?
Duelen las caricias del dragón
a la piel gastada por los años,
esa misma que ya no siente
y no consigue entibiarse.

¿Duele verdad?
Duelen las miradas del timbó
desde la libertad de tocar el viento,
esa que una vez hizo volar tu cometa
y sacudir tu vestido entre las hojas.

¿Duele verdad?
Duelen los bostezos recién cepillados
de aquellos que si sueñan
y ya pasaron la tempestad
de vivir muriendo en la realidad.

¿Duele verdad?
Duelen los acordes arrugados
que aún retumban en tu mente
recordándote que fuiste un algo
que jamás volverás a ser
(niña, hija y hermana a la vez).

¿Duele verdad?
Duelen las lágrimas machucadas
que te arrancaron lenta y cotidianamente
esas semillas de tilo y optimismo
que ya eran bosques en tu retina
y ahora han muerto sin besar al invierno.

Duele y dolerá
porque la piel sana
pero el alma
jamás olvida una puñalada. 

martes, 9 de julio de 2013

"Reflexión reflejo"

La música me invita a pensar,
ya no puedo evadir la reflexión,
ha llegado la hora de ver al cretino
que se ríe de mí en el espejo
y saludar al bonachón
que se esconde detrás de mi reflejo.

Tengo guerras que aún laten,
enteramente encendidas
en mi cuarto sin puertas.
Las toco y me quemo,
las miro y me quedo ciego.

Tengo cielos claros que aún llueven,
enganchados a mis pies
me miran y me gritan
me salpican y me dan ánimo;
aún tengo cielos que anhelar
y saber que no voy a llegar.

El silencio me invitar a olvidar,
ya me golpeé con mis propias ideas,
ha llegado el momento de clausurar el bar,
no más tragos amargos por hoy,
tampoco mañana vendré.
Dejo propina y me voy. Ya escuché.

domingo, 30 de junio de 2013

"Camino herido"

Camino herido,
profundamente herido
en mi costado izquierdo.

Escucho los gritos,
los sollozos golpeados
de un lugar donde hubo puñal
y ahora vive una hundida soledad.

Camino herido,
recientemente herido
en lo más terroso de mis palabras.


Silenciosamente separados
tomamos rumbos con horizontes distintos,
tu misión se hace cobarde;
mi causa nace de tu inmadurez.

Camino herido,
triplemente herido
por uno, dos, tres desamores (desdichados).

Viene a morir a mis brazos
la sonrisa que supo ser esperanza,
no me mira a los ojos
y se va, se va en silencio y sin mirarme
(se va sin que la echen…).

Camino herido,
pero aún herido
sigo caminando.