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martes, 23 de mayo de 2017

"Extraño a tus ojos tristes"

Extraño a tus ojos tristes
encontrando luz en los míos,
cada recuerdo devenido en sal
que se hizo charla y a veces susurro,
extraño que me mires
pidiéndome que te ame para siempre.

Extraño las noches ásperas
esas que nos dieron tantas guerras,
y siempre llegaba la húmeda paz
que nos daba tregua en su nudo lunar,
extraño que al caer la noche
estés allí para discutirnos.

Extraño el ir y venir del tiempo
perdido entre nuestros silencios,
esa burbuja de decirlo todo sin decir nada
que jamás nos prohibió de un beso,
extraño que a pesar de tantas horas
el silencio sí [no] se haya hecho distancia.

Extraño amarte
aun sabiendo que volvería a doler.

domingo, 21 de mayo de 2017

"La última bala"

Esa fue la última bala
para que todo –al fin–
terminara de cobrar sentido:
la historia gira y se repite
y el muerto vuelvo a ser yo.

Tantas veces y tantos días
me dejé conquistar sin recelo
por las palabras siempre vacías
de un abrazo amigo
que terminó siendo un saludo más.

En vos volví a confiar,
en vos volví a creer,
en vos volví a dejarme ser,
en vos volví a no mentir…
y ese fue mi mayor error: vos.

El alma me duele y se desangra
hasta el último recuerdo juntos:
¿cuándo pasó todo esto?
El mate ya no nos espera,
las tardes ya no nos arreglan.

Él murió hace varios soles
y ahora, desde mi honda tristeza,
tengo que decirte sin más versos
que a pesar de luchar y gritar…
ahora vos también estás muerto.


Gracias por pasar
y gracias por irte a tiempo. 

martes, 24 de enero de 2017

"¿Y si solo me enamoré de tu enfermedad?"

Aunque no lo quiera admitir, quizás sea la gran verdad que envuelve a todo este asunto: todavía te extraño.

No sé qué extraño. Un par de sensaciones. La tibia humedad de algunos besos. Lo áspero de los silencios. Lo reconfortante de tu mirada. Y aunque parezca ilógico, siento que hasta algo en mí extraña esos abrazos llenos de angustia.

Creo que extraño lo que una vez fuimos, o lo que una vez quise que fuésemos. Extraño momentos, algunas tardes, ciertas noches, casi ninguna mañana. Extraño saciar las ganas de verte a cualquier hora, en cualquier circunstancia. Extraño que hablar con alguien no necesite de un resumen previo a modo de “escenas del capítulo anterior”. Extraño que me escuches, aunque no extraño todas las horas que pasé deseando escucharte y no decías nada.

No lo entiendo. No tiene sentido. Pero lo siento. Aquí, en ese mismo lugar que necesitaba aire porque apenas podía desperezarse. Hoy, algo quiere volver a ahogarse. Quizás sea el ardor que aún repica de aquel crujido eterno que soltó mi corazón al partirse. Tal vez sea esa imperiosa necesidad de querer volver a abrir las cicatrices para sentirme vivo por un rato, mientras la sangre cae y la herida saborea el viento.

No, no te extraño. No te extraño a vos ni a nosotros. Extraño lo que siempre quise que fuéramos. Extraño esa tonta ilusión que alguna sonrisa alguna vez alimentó. Extraño creer que todo va a estar mejor. Extraño soñar con un “para toda la vida”. Al fin y al cabo, nuestro fin significó que todo eso se fuera: me quedé sin nada que reparar, sin nada que curar, sin nada con lo que ilusionarme que podría mejorar.

¿Y si solo me enamoré de tu enfermedad? ¿Y si solo me encapriché con ese deseo de curarte y de lograr que estuvieses en paz contigo misma? ¿Y si en realidad lo nuestro no fue más que un tratamiento, en el que siempre quise que te curaras, pero… al final, la cura no fue más que un veneno para nuestro amor? Cuando supe que la sanación estaba tan cerca, asomando en el cielo de tus ojos… de repente, tuve que irme. O puede leerse de otra manera: cuando comprendí que ya no había tratamientos posibles que pudiese probar contigo, ya nada me quedó por hacer y comprendí que era tiempo de marcharme.

Extraño tus besos… pero solo aquellos que se vestían con la salada humedad de tus lágrimas recién caídas. 

domingo, 3 de enero de 2016

"No saber; de eso se trata"

No sé qué decirte. No sé qué decirme. He estado pensando. Días y madrugadas enteras mirándome en mi propio reflejo. Preguntándome una y otra vez “¿qué pasó?”, “¿qué tengo?”, “¿qué me hice?”. Creo que todo empezó hace mucho tiempo; en algún momento de la historia, cuando algo se quebró dentro de mí. Algo sucedió en lo más profundo de mi alma… y todo cambió para siempre. Pero no lo noté. No lo había notado hasta ahora. Quizás porque hacía mucho tiempo que no sentía el silencio; en los últimos meses todo ha sido idas y venidas, con vueltas y más vueltas, y con sus soles y sus tormentas. Pero no había habido silencio. Así que recién ahora, aquí, en este momento, después de tanto tiempo, puedo escucharme con claridad. Y lo único que he podido escuchar es tan simple que me asusta: estoy muerto.

Llevo muerto días, semanas, quizás meses. Tal vez nunca llegué a conocer la vida. ¿Quién podría ser lo suficientemente inhumano como para aceptar que, quizás, nací muerto? Nadie tendría el valor de decirlo. Jamás respiré por primera vez. Nunca lloré tan fuerte que se me saliesen los miedos. Tal vez nunca abandoné la inexistencia. ¿Acaso, existo hoy? Quizás no fui más que un deseo en el corazón de alguien. Una ilusión que de tanta persistencia se volvió irrealmente real. Un viento que habló… pero que jamás dijo algo.

Recuerdo una luz. Tan brillante y tan pura que no sabía cómo llamarla. Hoy puedo decir que era una luz. Pero en aquel entonces, no sabía de convenciones lingüísticas. Y seguramente, de haberlas sabido, no hubiera estado de acuerdo en llamarla “luz”. Aquello era más que la ausencia de oscuridad. Era la oscuridad y el destello. El silencio y la tormenta. El dolor y la calma. Las mentiras y las virtudes. Era… ¿la vida? Apenas la recuerdo. Pero… creo que eso era. Aunque no lo sé, no a muchos se les da por llamar así a la “vida”. Esa palabra designa otra cosa: plenitud, perfección, pureza. Y eso no encaja con mi recuerdo de lo que era la vida.

La vida dolía a cada momento. Y a la misma vez, se sentía tibia en el pecho. Era como estar en un tiempo muerto, siempre lleno de interrogantes… pero con el deseo de buscar respuestas. Y eso no es la vida que hoy la gente aclama: sus vidas no tienen cuestionamientos, no tienen vicisitudes ni temblores. Y si existen, solo tratan de esconderlos bajo la alfombra o de espantarlos como a un buitre. Me pregunto qué sentido tiene vivir en esa eterna paz. Porque ¿es eso vivir? No lo sé. Tal vez mi diccionario no funcione bien.

¿Te acordás de mis ojos? ¿De mis pupilas profundas y mi mirada azul? Yo también. Pero desaparecieron. Se fueron. Y como consecuencia, hoy todo luce gris. Como si un dios hambriento se hubiese devorado los colores y todos mis recuerdos. Hoy estoy aquí, desnudo; porque no tengo pasado ni creo tener futuro. Y este que ves, soy yo; más muerto que nunca. Y este que no ves, también soy yo; menos yo que siempre.

Mientras tanto, no te preocupes en buscarme respuestas ni gastes tu tiempo en intentar revivirme. Eso pasará con el tiempo. Pero eso sí, déjame pedirte un favor. Quizás no sea sencillo. Seguramente no sea nada fácil. Y te enfrentará a decisiones muy difíciles. Pero debo pedirte algo. Y no puedes decirme que no. Porque si te niegas, si no haces lo que te pido… entonces, nada habrá tenido sentido. Y la muerte solo habrá sido muerte.

Por favor… no dejes que viva hasta que la vida tengo el coraje de mirarme a los ojos y decirme: “No lo sé. Nunca lo supe. Y no lo sabré”. 

martes, 27 de octubre de 2015

"Sonreír sin escuchar"

¿Cómo decirle que no a la rutina que impone el tiempo? Incluso cuando esa rutina está hecha de amor y otras deidades; ¿cómo negarse a semejante espectáculo? La escapatoria está, claro que está; pero no luce como una opción, sino más bien como un camino cuesta arriba, arriesgado e innecesario. ¿Para qué cambiar si así “vamos bien”?

Quizás allí esté el problema: en la comodidad de estar sin estar, de sonreír sin escuchar, de amar sin amar.

El cielo me mira y no puedo evitar bajar la vista con vergüenza. Él sabe que hago mal, pero ¿qué puedo hacer? Soy un cobarde. Siempre lo fui. Soy un inútil, rehén de mis propias mentiras y palabras mal escritas. Ni ella, ni ellos; nada más que yo. La culpa no es nuestra; es mía. Y aquí no hay botón de pausa ni “stop”; solo vale una opción: la que no estoy dispuesto a tomar.

¿Caminos? Los veo, pero no los sigo. ¿Vida? Ya ni sé qué es eso. Vivo de mi constante muerte y muero de mi inconstante vida.

Hoy no. Quizás mañana. Tal vez nunca… al fin y al cabo, ¿para qué? 

lunes, 20 de julio de 2015

"Asesino amoroso"

De repente, en el medio de la frialdad de la madrugada, me encontré entre mis propios pensamientos. Allí estaba: sucio, herido, vacilante frente al presente. Con una piedra en una mano y una rosa en la otra. Sin poder mirarme a los ojos. Sin poder acariciar mi propia palma. Siendo yo mismo. El que siempre fui. El que jamás dejé de ser. Ese a quien tanto aborrezco y tanto necesito para vivir.

Me encontré siendo el asesino que visita las tumbas de sus víctimas. Cada año una distinta. Cada vez una razón diferente. Frente al destino hecho polvo. Ya no queda nada cuando se está allí: no hay aire, no hay recuerdos, no hay más engaños. Ese instante, ese mísero momento en el que los ojos del asesino y la piedra lisa y fría de la tumba se encuentran, tal vez sea el único segundo sincero de la existencia: ya no hay nada que ocultar.

El puñal siempre es tentador, pero la rosa me encripta las venas y me roba los impulsos. Algo, una razón debe existir en algún lugar. No concibo que todo se reduzca a una simple batalla en la que gana la compasión. Mis víctimas son mías y de nadie más. Sus gritos. Sus lágrimas. Sus historias preferidas. No hay nada que no haya pasado por mis manos: hasta su último aliento fue obra de mis modales.

¿Qué me queda? Escucho a los fantasmas de mi pasado. Ellos cantan lo que no me atrevo a pronunciar: todo puede ser distinto. Podría dejar de mentirme y mentir como consecuencia. Podría cerrar esa bóveda infinita de latidos animados por un relámpago piadoso. Quizás sea el momento de asesinar y no asistir al funeral. Un asesino no es más que un nexo entre el aquí y el un poco más allá. No es correcto que la culpa viva fluctuando entre ambos lados. Uno debe ser el malo o ser el bueno: no ser el carcelero cariñoso.

Es tiempo de clausurar esta noche amarga. Es el momento de hundirme en lo más profundo de mis desencuentros y gritarle al tiempo que se ha equivocado. Es la hora de abrir ambas manos y dejar caer la piedra y la rosa. Que todo se desmorone a mi alrededor. Y que la calma no sea más que tormenta.

No más víctima ni victimario. Desde ahora… nada. Nada más que nada. Mientras escucho al silencio de la muerte caminar hacia mí.

lunes, 29 de junio de 2015

"Recuerdo... que te olvido"

¿Te acordás de aquella vez en la que hablamos hasta la madrugada? Era verano, me acuerdo muy bien. Fue de las pocas veces que me quedé en tu casa hasta tan tarde; quizás la única. Hablamos de ella, de ustedes y un poco de nosotros. Teníamos hambre, pero la conversación apenas nos dejaba respirar. Hablamos como solíamos hacerlo: tan concentrados que parecíamos distraídos.

Recuerdo lo que venía sucediendo. ¡Mirá que la sufrimos! Pero también nos reíamos. Nuestros amigos jamás nos dieron la espalda. Y ya sabes quién siempre estaba para hacernos sonreír con sus guarangadas. Éramos felices. Llenos de contradicciones y sentimientos confusos, pero felices. Supongo que era porque teníamos cosas por las que alegrarnos como buenas notas o haber pasado el último nivel en la computadora. Ahora que lo veo en retrospectiva, estimo que éramos felices porque nos teníamos el uno al otro. Y con eso, en gran medida, alcanzaba.

Recuerdo que la ventana estaba empañada cuando me fui… Qué curioso, ¿por qué estaría empañada si era verano? Tal vez… No… No puede ser. ¿Era julio? Hasta hace poco todo estaba tan claro. Recuerdo que dormí en tu cama y tú en el sillón… y me tapé hasta la cabeza. Era julio. No era verano. Estábamos en invierno; un invierno que rajaba los vidrios. Pero sí era de madrugada, eso sí está claro.

Recuerdo que hablamos hasta tarde… No puedo dudar de ello, porque esa fue la razón por la que me quedé a dormir donde usualmente no me quedaba. Y hablamos de ella… y de vos y ella… y de nosotros… ¿De qué hablamos, en realidad? Sé sobre quién hablamos, pero no recuerdo ni una palabra de los que dijimos. “Arriesgate”, “No sé qué puede pasar”, “Mejor no digo nada, vamos a dormir y mañana vemos”; recuerdo frases como esas. Momentos sueltos que se unen lejanos. Pero no logro esclarecer a qué llegamos: ¿qué hicimos? Bueno, sí, sé qué hicimos: recuerdo cómo concluyeron las cosas. Pero no qué pasos exactos decidimos tomar. Es tan extraño… porque éramos tan meticulosos. No lo entiendo.

Recuerdo que hablamos de amor. El tema te tenía muy preocupado. Por eso nos quedamos despiertos hasta tan tarde. Tenías que tomar una decisión; bueno, teníamos que hacerlo, porque en aquel entonces no dábamos un paso que no fuera en conjunto. Era nada o todo por ella. Ella… Sí, ella… ¿Quién? ¿Te acordás de quién hablábamos? Sé que hablábamos de una ella. Porque recuerdo tu rostro: tenías la mirada cansada y el corazón resonando en tus mejillas. Pero no logro acordarme de quién hablábamos con exactitud. No tiene sentido.

Recuerdo que hablamos hasta la madrugada. Nunca habíamos pasado tanto tiempo juntos. Nunca… nunca pasamos tanto tiempo juntos. ¿Lo pasamos? ¡No puede ser! ¡No me acuerdo! Hasta hace un instante tenía la certeza de que habíamos estado ofuscados por horas en torno a discusiones infinitas, y ahora ni siquiera logro establecer hasta qué hora lo hicimos. Quizás… No. Tal vez… Me rehúso a creerlo. Pero solo quizás… quizás no hablamos. Quizás estuvimos en silencio. O tal vez… ni siquiera estuvimos juntos esa noche.

Recuerdo… recuerdo cada vez menos. Ahora solo tengo claro que tengo miedo a olvidarte. A olvidar lo más básico de nuestros momentos: tu forma de hablar, los temas de conversación, los lugares que frecuentábamos. Te olvido. A cada día que pasa te olvido un poco más. Se borran nuestras charlas. Se borran nuestros abrazados no dados. Como un montón de hojas de otoño… que un viento frío esparce por el aire y el tiempo.

Recuerdo… que aunque me lastima el alma y no quiero hacerlo, igualmente te olvido.


¿Qué hago? ¿Me escuchás? ¿Te acordás de mí…? Porque yo creo que no sé quién soy desde hace mucho tiempo.


jueves, 28 de mayo de 2015

"Cuando todo no es suficiente"

Cuando las palabras no bastan
por ser ellas presas de la bondad,
hijas de un cielo siempre claro
y un sol jamás escondido;
palabras lavadas y bien vestidas
ensamblando tiempos sinceros
que nadie quiere leer.

Cuando el silencio no alcanza
por ser solución simple al desamor,
amigo del buen entendedor
y enamorado de las verdades otorgadas;
silencio limpio y transparente
significando lo que sí y lo que no
sin nadie que quiera escucharlo.

Cuando el aire no vive
por ser libre en su propio viento,
enemigo del odio sin cartas
y de las lágrimas sin moralejas;
aire puro y a veces lunar
charlándole al mundo sus tristezas
esperando aún un abrazo consuelo.


Cuando ni las palabras
ni el silencio
ni siquiera el aire
son suficientes.

miércoles, 22 de abril de 2015

"Lágrima sincera"

No hay nada tan sincero
como una lágrima.

Esa transparencia salada
que va cayendo
por la rugosidad de nuestro espejo cotidiano
mostrándole al mundo que aún
somos
un alguien
un cuerpo vivo
un dolor a veces dulce
una idea que quiere que la piensen.

Sí hay algo más sincero
que una lágrima:
una lágrima en silencio.

Ese destello de sol triste y simpático
que va charlando
de labios truncos y corazón sellado.

En conclusión,
a fin de cuentas,
no hay nada tan sincero
como la propia alma
hecha agua.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

"Rabia y desazón"

Dulce rabia y amarga desazón
ambas vienen juntas a la par
a morir entre mis brazos
mordiendo el golpe de un corazón…
que ya no late por dos ni tres.

Clausuro mis ojos y abro el silencio:
allí vienen los miedos prenupciales
allí van las carroñas que ya son ajenas
allí irán los besos de sal y canela;
todos hijos de un dolor errante.

Una fotografía anuncia un ayer
ese que hoy me pica como presente:
somos un solo día enlatado
que a veces va con mariposas blancas
y otras vuelve con lágrimas encendidas.

Hay un motín gestándose en algún lugar
por allí donde nace el latido sonrojado
y donde muere la esperanza de la desolación;
hay un motín que pronto verá la luz…
la paz anterior a la guerra está en el aire.

El hacha está siendo afilada,
el revolver está siendo agitado,
la intención está siendo preparada,
la convicción está siendo destruida,
el final está siendo desteñido.

Sigo y me hundo. 

martes, 26 de agosto de 2014

"Apunta tus palabras"

Apunta alto, directo al cielo
y di todo lo que puedas decir
en un tiempo tan lento
que no alcance una sola vida
que no quepa en una sola mirada.

Siempre de filos tallados
el mundo vas asaltando en tu tren
diciendo aquí y diciendo allá
hablando de lo que sabes y lo que no
pero siempre dando en el blanco.

Siempre habrá testigos
escuchan, leen, ven y sienten
desde tus labios temblando
hasta el más áspero de los susurros;
una guerra de sin silencios.

Apunta directo hacia mí
y dispara lo primero que pienses
al desearme muerto e inmóvil
bajo tu tormenta de palabras
de sangre, de dolor, de humillación.

Apunta tus palabras,
como siempre. 

martes, 22 de julio de 2014

"Mentira"

Lamento haberlo hecho
tantas de aquellas veces
pero en todas te mentí
en mil mentiras distintas,
pero aquí en vez primera
te entrego la verdad:
no, no estoy bien.

Supongo que era siempre un si
por no querer abrumarte
con las puñaladas que recibí
y porque me gustaba verte hablar
aún cuando llorabas entre palabras,
pero ahora sé que no debí
que ambos teníamos que estar…

Recuerdo cuando todo comenzó:
la primera vez que mentí
y me encerré en la oscuridad
de vivir en mi propio silencio
sabiendo que nadie podría entrar
si las palabras no lo invitasen a pasar;
lo recuerdo y fue hace tanto…

Lamento haberlo hecho
por vos, por mí, por hoy.

jueves, 17 de abril de 2014

"Archivar"

Perdóname
pero necesito el desarraigo.

No supero; no avanzo,
no admito; no sano.


Voy a soltarte en el viento,
perdóname.

Adiós a tus raíces, adiós,
adiós a los que quedan, adiós.

Perdóname
pero voy a olvidarte unos años.

Si no miro; avanzo,
si no ayudo; sano.

Voy a desprender tus voluntades,
perdóname.

Atrás quedan ellos y ellas, atrás
atrás queda el dolor, atrás.

Perdóname
pero no voy a esforzarme más.

Se archiva tu recuerdo
y con él… todos tus adjuntos. 

sábado, 12 de abril de 2014

"Podría estar muriendo ahora mismo"

Podría estar muriendo ahora mismo, ¿lo sabías? En este preciso momento y en los momentos que siguen sucediendo, podría estar muriendo: mis células, mi sangre, mi conciencia y mis recuerdos. Todo yéndose directo a la basura. ¿Y sabes qué? En realidad, no tienes por qué saberlo. Incluyo, yo mismo, desearía no saberlo.

Pero el asunto es que no puedo dejar de pensar ello. La vida es morir a cada migaja de tiempo. Desde que vemos la luz por primera vez, comenzamos a caminar hacia ella. Más lento o más rápido, pero allá vamos. Tú, yo, tus hijos y los míos. Me gustaría saber por qué. ¿Nunca te has preguntado qué sentido tiene comenzar algo que sabes que no durará para siempre? ¿Siempre? Quizás dure tan solo un par de días, con suerte unos cuantos años. Pero, ¿sabes qué? Aunque lo vea así, yo mismo comencé cosas sabiendo que algún día terminarían: concebí tres hermosas vidas.

¿Ves esto? ¿Sabes por qué lo hago? Porque con mi aliento puedo controlar su duración. Quizás sea lo más parecido a la vida. Y al mismo tiempo, lo más diferente. Desde el momento en que lo enciendes, comienza a apagarse. Si inhalas mucho desde el comienzo, durará poco pero te golpeará hasta las entrañas de una manera tan única que habrá valido la pena el instante. Si inhalas lenta y apaciguadamente, durará más y podrás sentir detalles que el instante no te permite: combinaciones y variaciones que traerán más descubrimientos. Pero ambos caminos te llevan al mismo lugar, al mismo tiempo, al mismo estado: cenizas en lugares que jamás nadie querrá volver a visitar.

La semana pasada, el psiquiatra me dijo que la vida era un fin en si mismo; se vive por ser vivida. Pero, ¿quién hace eso? ¿Acaso tú te levantas todos los días por el sencillo acto de vivir? No. Te levantas para ir a trabajar. ¿Por qué? Porque necesitas el dinero. ¿Por qué? Porque tienes una familia que mantener. ¿Por qué? Porque ellos depende de ti. Tu vida se reduce a vivir para trabajar; a vivir para ganar dinero; a vivir para tener algo que nunca terminas de alcanzar o complacer; a vivir para que los demás puedan vivir. No creo que a ello se le pueda llamar vivir por vivir. Y, mi amigo, los por qué que te he dicho, no suenan muy llamativos de seguir.

Si, tienes toda la razón. Puedo presumir lo que piensas: ¿por qué se cuestiona todas estas cosas? Créeme, me gustaría vivir en silencio. Pero no puedo evitarlo. Incluso cuando la alienación no podría ser mayor, no consigo dejar de sentir el paso del tiempo y sus remanencias. Me hubiera gustado no ver morir a mis padres. Me hubiera fascinado no tener que despedir a mi amigo antes de tiempo. Me hubiera encantando quedarme un rato más en tantos lugares… Pero el tiempo siempre nos avisa que es hora de irnos. Y es ese mismo tiempo el que nos da tiempo para pensar en lo que el tiempo nos dejó.

No quiero seguir aburriéndote ni dejar que veas mis lágrimas de impotencia, pero, ¿sabes qué? Podría estar muriendo ahora mismo. 

sábado, 8 de febrero de 2014

"Me gustaría estar enamorado de ti"

Quizás no lo diga, pero no tienes idea de cuanto me gustaría estar enamorado de ti. Sería de lo más lindo que me haya pasado en la vida. Sería tan fácil verte todas las mañanas al otro lado de la cama, soñando con nuestro futuro en la luna. Sería tan fácil escucharte contándome tus problemas y los problemas de tus amigas. Sería tan fácil aceptar tus invitaciones a pasear por el Prado y merendar en el Rosedal. Sería tan fácil vivir enamorado de ti. Quizás ahí encuentro mis cuestiones… no es igual decir que sería fácil a decir que sería lindo.

Fácilmente puedo imaginarnos bajo la lluvia de carnaval, bailando con los charcos y perdiéndonos en el silencio de la ciudad. Mirándonos durante horas de pupila a pupila. Moviendo los labios sin sonido y moviendo el sonido con los labios. Sin demasiada impertinencia, puedo imaginarnos tomados de la mano volviendo hacia tu casa. Riéndonos del frío y escapando por un rato de la rutina gris. Enamorada tú de mí… y enamorado yo de ti. ¡Cómo quisiera estarlo!

Y aunque me deje ser y fluir, no resulta. Y aunque intente vivir de mis pasadas experiencias en eso de latir más rápido, no funciona como quisiera. Y aunque trate de cerrar los y ojos y engañarme y pintarnos de colores… todo continúa en blanco y gris.

No tienes idea de cuanto me gustaría estar enamorado de ti… pero no puedo.

(querer no parecería ser poder… al menos en el amor).

                 

martes, 12 de noviembre de 2013

"¿Nunca has...?"

¿Nunca has querido
silenciar al mundo
y dejar simplemente
que fluyan
las lágrimas
las voces ajenas
las verdades no dichas?

Heme aquí…
Queriendo.
Deseando.
Anhelando.

¿Nunca has pensado
en correr lejos y más lejos
y dejando de lado el mundo
olvidar las rutinas
olvidar las apariencias
olvidar las frustraciones?

Heme aquí…
Pensando.
Reflexionando.
Sinapsiando.

¿Nunca has sentido
una necesidad tan transparente
que con solo sentirla
pareces besarla
emulas crearla
pretendes caminarla?

Heme aquí…
Sintiendo.
Experimentando.
Latiendo.

Ojalá mañana
me encuentre tal vez allá…

miércoles, 30 de octubre de 2013

"No respondas (pero...)"

Hoy te extraño
como si los meses
no hubieran sucedido,
te extraño como
si ayer hubiese sido
el ayer de hace unos meses,
como si recién
te hubiese conocido.

¿Acaso será el día
que llora roñoso
en el ventanal
que ya no da al cielo?
¿Será, tal vez,
las demasiadas alucinaciones
que he sufrido
en la calle y mis sueños?

Hoy te recuerdo
como si tan solo hace horas
hubiésemos tomado un café,
te recuerdo tanto
que aún escucho tu voz
susurrándome por la ciudad,
tanto… que aún
te hablo cuando no respondes.

¿Será, quizás,
causa de las lágrimas
que hoy vi derramas ajenas
en ojos casi propios?
¿Podría, con razón,
deberse a que el tiempo,
aunque lo cure todo,
siempre llega tarde?

No respondas,
pero no dejes de escucharme.

jueves, 24 de octubre de 2013

"Aún remendando"

Nadie dijo que sería fácil
y porque el destino es honesto
esto no está siendo fácil;
difícil tarea
el remiendo del alma.

Aunque sigo caminando
la calle se siente mentirosa
y los días pasajeros:
¿a dónde estoy aferrado
si lo he perdido todo?

Mírenme, háganlo,
no sientan culpa al sonreír,
su vida sigue,
la mía no sale de la pausa,
pero miren, háganlo.

Si me escuchan los exiliados
por favor pronto
lluévanse en alma sobre mí
y háganme sentir en un segundo
que arriba es gratis la paz.

Usted, el de ojos pardos,
¿por qué cree
que tengo los ojos azules?
Se equivoca, no es bendición;
mar estancado de penas aún sufridas.

Silencio.
Allí viene.
Silencio he dicho.
Enciendan las luces y regresen.
Suena el despertador. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

"Tocando fondo"

Las lágrimas
corroen estas hojas
que con el corazón aún herido
vengo a acariciar
buscando sanar
o al menos calmar el dolor.

No hay muchas palabras
que pueda ya decir,
lo he dejado todo
en papeles que todavía vivos
me miran tristes
desde sus ataúdes oscuros.

El ardor es evidente,
la culpa intermitente,
la desesperación
y el desahucio permanentes,
la soledad, triste y sola,
para siempre.

Definitivamente
debo comprender sin desdén
que no existe el equilibrio:
los buenos no tendrán días soleados
y los malos no vivirán en la tormenta;
el pueblo paga lo que el rey no hizo.

Un sol de cristal
duerme sobre mi cabeza
y una cruz de madera
lo acompaña atada,
pero no importa,
no hay nudo que impida despedidas.

Así que
no digo gracias esta noche,
no cierro los ojos y respiro,
y con las venas hirviendo
dejo de mirar hacia el cielo;
le doy la espalda al creador (asesino).