lunes, 5 de noviembre de 2012

"Himno a la mujer ajena"


¡Qué linda te veías
cuando aún sin engaños
te paseabas rebelde y cariñosa,
natural y sin palabras,
única e igual a todas
entre sus brazos mentirosos!
¡Qué linda y deseosa te veías!

Todavía recuerdo
cómo lo mirabas con tus labios,
esos que a veces eran rojos y otras verdes,
¡ah cómo les gustaba perderse
entre sus sábanas sin horas!
Allí estábamos los tres
hundidos en dos mundos diferentes.

Y sus pieles se hacían noche
y la noche se volvía día
y el día se reía del tiempo
y el tiempo huía del compromiso
y el compromiso se alejaba de tus dedos.
Allí estaba entre sus labios,
la verdad escondida y tendida en el cielo.

¿Cómo no lo saboreaste?
Acaso… ¿realmente sentiste?
Llegó el invierno a tu primavera
y se ahogaron los besos
y se rieron los relojes de tus días
y me quedé sin función.
Pero qué linda te veías…
perdida entre sus brazos
y escondida en sus palabras vacías.

Pero no,
ya te ha abandonado
y aquello que se me hacía apetitoso
por ser presa y mujer ajena
y aún más, por ser loba ajena,
ya no es deseoso en mi paladar,
¡ah no!
Qué linda te veías en sus brazos,
qué frágil e insulsa luces a mis pies. 

sábado, 3 de noviembre de 2012

¿QUÉ ES SER UN ESCRITOR?


No pienso teorizar sobre lo que es escribir, y menos que menos, sobre quien realiza el arte de escribir, pero si pretendo dejar en claro lo que uno no debe dejar de obviar cuando se cuestiona qué es ser un escritor.

Primero que nada, un escritor no es. Un escritor no es fácil, es alguien a quien le gusta hacerse las cosas lo más difíciles posibles. Por ejemplo, si está feliz, pretende definir qué siente, y cuando ya lo hizo, pretende decirlo de otra manera, y cuando ya hizo lo último, vuelve a la primera escritura y se da cuenta que fue la mejor y deja de lado las otras. Como ahora solo le importa la primera, trata de buscarle otro sentido, de hacer creer que está triste para al final demostrar que está feliz. Aún insatisfecho, cambia las palabras y busca los sinónimos más rebuscados e incomprensibles posibles. Y así, cuando sus versos sólo los entiende él, borra todo y deja la hoja en blanco. La mira. La mira tan en blanco como su mente cuanto más se esfuerza en escribir lo que sintió. La mira tan blanca como el abismo que desea ser colmado y no caber en si mismo. Y al fin y al cabo, cuando ya no tiene motivos y comenzaba a olvidarse de aquella hoja en blanco, la toma, la escribe y queda satisfecho con su obra.

Un escritor vive en si mismo casi todo el día. Apenas sale para apreciar aquello que valora, y, tan inconscientemente como sea conscientemente posible, busca que lo inspire. Imagina pero no anota por miedo a no dejar resumido el sentido que pretende realmente darle.
Un buen escritor es albañil, carpintero, electricista, sanitario, pintor, escultor, ingeniero y arquitecto. Arma cada pieza del mundo que crea. Desde lo que está escondido dentro de las baldosas hasta los deseos que el personaje ya cumplió.

Un escritor se alimenta de letras y versos ajenos, pero nunca se llena. Jamás podrá decirle que no a un monosílabo que sea separable en tres y nunca se quedará inmóvil ante una palabra que desconoce. Siempre aventurero, se perderá en si mismo y hará que le cueste encontrarse.
Un escritor no acepta el empate técnico y siempre buscará la guerra entre las sinalefas y la paz en la tierra.

El individuo que se haga llamar escritor estará equivocado de p a pa. Un escritor no puede autodenominarse. Al nacer, no elegimos nuestro nombre. Hay alguien, un tercero, ajeno y a veces no tan ajeno a nosotros, que elige y así nos llamamos. De esta forma, un escritor nace siendo un individuo que se siente igual a los demás, pero que los demás, lo discriminan. Aquel que se sienta y arma las letras dándoles gusto a sal con azúcar, es calificado como escritor.

Un escritor tiene una antagonista desde el origen de los tiempos. Es siempre la misma desde que aprende a decir letra por letra sin titubear hasta que muere y ya no la busca más. Es mujer, sin dudas. Amarga, enojona y caprichosa. Pero dulce, simpática y muy ruidosa cuando convives con ella. A veces viene de vestido y deja que le acaricies las piernas, pero a veces, cuando se da cuenta que su relación jamás será formal, te deja tumbado en el suelo y con las ganas de no haber abusado de su bondad: ¡qué herida que deja la inspiración!

Un escritor vive en coma, y cuando la inspiración lo besa, brotan los suspiros eléctricos desde su corazón acelerado.

Un escritor no escribe mientras vive. Un escritor vive mientras escribe. Y así lo mismo con el tiempo; un escritor no escribe cuando tiene tiempo, un escritor tiene tiempo cuando las ganas de escribir lo sueltan.  

viernes, 2 de noviembre de 2012

¡Culpable!


Me declaro completamente culpable,
responsable por mis actos
y aún también dueño de las consecuencias,
siempre y cuando la causa
y el hecho que de razón al juicio
sea extrañarte cuando la luna sabe a miel,
sonreír en el silencio
y silenciarme en tu sonrisa,
enamorarte u enamorarme,
desearme dueño de tu boca
y amante de tu aliento.

¿y ahora quién me defiende
si la prisión húmeda y carmesí
parece el mejor refugio
en esta vida asesina?
¡déjenme morir en sus instintos!