lunes, 3 de marzo de 2014

"Palabras"

Hay palabras
que jamás debieron hablar.
Hay palabras
que no deben decirse.
Hay palabras
que no se dicen y así viven más.

Hay momentos
que no necesitan palabras.
Hay silencios
que solo quieren una palabra.
Hay vidas
que usaron demasiadas palabras.

Hay palabras
que a veces sobran o faltan.
Hay palabras
que solo confunden más.
Hay palabras
que no precisan de nadie.

Hay días
en que solo quieres una palabra.
Hay noches
en las que sueñas con palabras.
Hay veces
en las que te olvidas de las palabras.

Hay palabras
que lucen mejor abreviadas.
Hay palabras
que a veces la gente extraña.
Hay palabras
que hasta la muerte no quiere decir.

Hay compromisos
que solo se valen de palabras.
Hay guerras
que solo comenzaron por palabras.
Hay amores
que duran lo que duran las palabras.

Hay palabras
por suerte.

domingo, 2 de marzo de 2014

"Esta noche voy a salir a asesinarlos a todos"

Esta noche voy a salir a asesinarlos a todos. A todos y cada uno de ellos. A cada nombre que por muy poca o mucha maldad, marcó mi vida. Y como dicen que el amor es el que mueve la vida, concluí que el desamor hace girar la vida en el sentido contrario. Así que, aunque todo esto sea personal, vale aclarar que no es ni fue culpa mía. Si alguien morirá esta noche, no será, corrijo, un asesinato, sino que, por el contrario, será un suicidio que no llegó en hora: años antes, ellos cargaron estas armas que hoy salen a besar el aire y corromper los últimos alientos.

El olor a pólvora y sudor comienza a invadir el aire del auto. La ruta es larga y oscura; el horizonte claro desde hace mucho tiempo. Los destinos ya perdieron un orden, ninguno es más importante que otro, ninguno vale la pena priorizar. Todos, a su única y vagabunda manera, pisotearon mi vida y le quitaron profundidad a mis ojos. Así que allá vamos: el destino, la fecha de vencimiento y yo. Y no nos esperen ni preparen café, será cuestión de unos segundos. Saludamos y nos vamos.

Pensando voy y me resulta irónico pensar en ellos como parte de mi pasado. ¿Por qué dejé que entraran a mi vida? Quizás fue culpa de las vicisitudes propias de la adolescencia, que nos enfrenta a los dilemas más adversos y acalambrados de la psiquis. Ese combate por ser constantemente aceptado y aprobado por el entorno que vive a nuestro alrededor. Quizás fue ahí cuando cedí y dejé que entraran a mi vida. Definitivamente si. Porque antes o ahora, no lo habría permitido. Pero en ese entonces… me había cansado de luchar contra el viento.

Fueron amigos, amores, compañeros de estudio y de noches en vela. Todos, un puñal por la espalda. En el momento menos indicado. En la circunstancia menos venida. Como lectores adictos a la carroña que ya comen los ajenos. Cumpleaños, velorios, duelos, anuncios de compromisos, festejos patrios, internaciones, primeros días. Todos y cada uno conservan sus correspondientes fechas y horas bajo el brazo. Quizás sin saberlo. Quizás sin jamás haberlo concluido. Pero el tiempo que dejé pasar, ya fue suficiente. La oportunidad a la redención, estuvo días y noches, esperando en cada puerta y en cada balcón. La espera… ya me consumió.

También, aunque no quiera decirlo, le encuentro su sabor amargo a todo esto. Pero no por mi culpa, ah no, yo no tuve nada que ver. Fue su puñal en mi espalda. Seguramente, todo esto también me duela por el hecho inevitable de que una vez… esa mano que ensimismó el filo, supo ser consejera y remachadora de grandes dolores. ¿Cuántas veces nos habremos embebido mutuamente bajo una misma noche de enero? Son incontables e imposibles de volver a reproducir, tantas risas ensambladas y tantas lágrimas susurradas. Creo que la realidad no es más que una acumulación de las pesadillas que tenía en aquel entonces: siempre temí con la llegada de este y de otros días. Siempre intuí que algún día, el dolor llegaría para quedarse. Y que ellos, ya no estarían.

Heme aquí. Frente a esta vieja puerta que tantas veces me dio entrada a un sinfín de horas juntos. Esa misma que cerré con fuerza la última vez que los vi. Aquella noche que me fui llorando, con el alma por el piso y la humillación por los hombros. Aquella misma noche en la que comprendí que ya nada sería igual, y que nada había sido como yo lo había imaginado.

Basta. Basta de balbuceos. Esto es algo que debí hacer hace mucho tiempo. Tal vez, incluso, debí hacerlo aquella misma noche, antes de cerrar la puerta. Porque, de esta forma, la puerta jamás cerró. Es un círculo que no quedó completo. Una cuenta pendiente… que nunca dejó de atormentarme. Aquí voy…

-¿Vos? ¡Volviste! No sabes cómo te hemos extra- y se calló. Y nadie más intentó hablar.

Un solo tiro, y no hubo más palabras. Un solo tiro, y ya no hubo tormentas. Un solo tiro, y todas las cuentas quedaron saldadas. Un solo tiro… y dejé de vivir para estar en paz. 

sábado, 1 de marzo de 2014

"Himno a lo nuevo"

Quisiera escribirle un himno
a esos nuevos comienzos
para que siempre sean nuevos
y no se pierda su magia
cuando muera el desencanto;
que sea siempre nuevo
lo que una vez se vivió.

Alabado sea el intento primero
que va cargado de incertidumbre
esa que sabe a nervios
y huele a recién comprado,
¡ah si! que jamás expire
tanta y tantos momentos
que una vez fueron nuevos.

Ojala durase para siempre
o al menos por un instante largo,
ese primero beso juvenil y tembloroso
esa primer vuelta sin rueditas
esa primer pitada cargada de tos
esa primer noche a escondidas;
esas tantas primeras: ¡primeras siempre!

Bendito ese recuerdo vivo
que nunca se vuelve tiempo
porque sabe latir siempre cerca;
ese primer amor que aún nos mira
esa primer palabra que aún habla
ese primer trago que aún quema.
¡Suban al cielo y vuelvan a bajar!

Oh juramentos pétreos
ustedes si que saben de esto,
ser siempre nuevos e inútiles
para la patria y la razón,
pero al menos nuevos y frescos
de esos que dan rumbo a la lealtad
haciendo nuevas las condenas y las faltas.

Quisiera que siempre fuese nuevo
el comienzo de una aventura
el principio de un cuento viejo
y también la calidez de un abrazo
que fue el último antes de muertos
y también la bala que fue razón
así el tiempo diría de nuevo que no.

Nuevos son estos versos
que cantan nuevamente juntos
como en aquella primera vez
cuando hablaron de soles con el invierno,
y ojala sean nuevos siempre
hasta cuando asomen amarillentos
y alguien diga: “¿habrán cantado esto?”.