sábado, 19 de abril de 2014
jueves, 17 de abril de 2014
"Archivar"
Perdóname
pero necesito el desarraigo.
pero necesito el desarraigo.
No supero; no avanzo,
no admito; no sano.
no admito; no sano.
Voy a soltarte en el viento,
perdóname.
perdóname.
Adiós a tus raíces, adiós,
adiós a los que quedan, adiós.
adiós a los que quedan, adiós.
Perdóname
pero voy a olvidarte unos años.
pero voy a olvidarte unos años.
Si no miro; avanzo,
si no ayudo; sano.
si no ayudo; sano.
Voy a desprender tus voluntades,
perdóname.
perdóname.
Atrás quedan ellos y ellas, atrás
atrás queda el dolor, atrás.
atrás queda el dolor, atrás.
Perdóname
pero no voy a esforzarme más.
pero no voy a esforzarme más.
Se archiva tu recuerdo
y con él… todos tus adjuntos.
y con él… todos tus adjuntos.
sábado, 12 de abril de 2014
"Podría estar muriendo ahora mismo"
Podría estar muriendo ahora mismo, ¿lo sabías? En este preciso momento y
en los momentos que siguen sucediendo, podría estar muriendo: mis células, mi
sangre, mi conciencia y mis recuerdos. Todo yéndose directo a la basura. ¿Y
sabes qué? En realidad, no tienes por qué saberlo. Incluyo, yo mismo, desearía
no saberlo.
Pero el asunto es que no puedo dejar de pensar ello. La vida es morir a
cada migaja de tiempo. Desde que vemos la luz por primera vez, comenzamos a
caminar hacia ella. Más lento o más rápido, pero allá vamos. Tú, yo, tus hijos
y los míos. Me gustaría saber por qué. ¿Nunca te has preguntado qué sentido
tiene comenzar algo que sabes que no durará para siempre? ¿Siempre? Quizás dure
tan solo un par de días, con suerte unos cuantos años. Pero, ¿sabes qué? Aunque
lo vea así, yo mismo comencé cosas sabiendo que algún día terminarían: concebí
tres hermosas vidas.
¿Ves esto? ¿Sabes por qué lo hago? Porque con mi aliento puedo controlar
su duración. Quizás sea lo más parecido a la vida. Y al mismo tiempo, lo más
diferente. Desde el momento en que lo enciendes, comienza a apagarse. Si
inhalas mucho desde el comienzo, durará poco pero te golpeará hasta las
entrañas de una manera tan única que habrá valido la pena el instante. Si
inhalas lenta y apaciguadamente, durará más y podrás sentir detalles que el
instante no te permite: combinaciones y variaciones que traerán más
descubrimientos. Pero ambos caminos te llevan al mismo lugar, al mismo tiempo,
al mismo estado: cenizas en lugares que jamás nadie querrá volver a visitar.
La semana pasada, el psiquiatra me dijo que la vida era un fin en si
mismo; se vive por ser vivida. Pero,
¿quién hace eso? ¿Acaso tú te levantas todos los días por el sencillo acto de
vivir? No. Te levantas para ir a trabajar. ¿Por qué? Porque necesitas el
dinero. ¿Por qué? Porque tienes una familia que mantener. ¿Por qué? Porque ellos
depende de ti. Tu vida se reduce a vivir para trabajar; a vivir para ganar
dinero; a vivir para tener algo que nunca terminas de alcanzar o complacer; a
vivir para que los demás puedan vivir. No creo que a ello se le pueda llamar
vivir por vivir. Y, mi amigo, los por qué que te he dicho, no suenan muy
llamativos de seguir.
Si, tienes toda la razón. Puedo presumir lo que piensas: ¿por qué se
cuestiona todas estas cosas? Créeme, me gustaría vivir en silencio. Pero no
puedo evitarlo. Incluso cuando la alienación no podría ser mayor, no consigo
dejar de sentir el paso del tiempo y sus remanencias. Me hubiera gustado no ver
morir a mis padres. Me hubiera fascinado no tener que despedir a mi amigo antes
de tiempo. Me hubiera encantando quedarme un rato más en tantos lugares… Pero
el tiempo siempre nos avisa que es hora de irnos. Y es ese mismo tiempo el que
nos da tiempo para pensar en lo que el tiempo nos dejó.
No quiero seguir aburriéndote ni dejar que veas mis lágrimas de
impotencia, pero, ¿sabes qué? Podría estar muriendo ahora mismo.
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