martes, 27 de octubre de 2015

"Sonreír sin escuchar"

¿Cómo decirle que no a la rutina que impone el tiempo? Incluso cuando esa rutina está hecha de amor y otras deidades; ¿cómo negarse a semejante espectáculo? La escapatoria está, claro que está; pero no luce como una opción, sino más bien como un camino cuesta arriba, arriesgado e innecesario. ¿Para qué cambiar si así “vamos bien”?

Quizás allí esté el problema: en la comodidad de estar sin estar, de sonreír sin escuchar, de amar sin amar.

El cielo me mira y no puedo evitar bajar la vista con vergüenza. Él sabe que hago mal, pero ¿qué puedo hacer? Soy un cobarde. Siempre lo fui. Soy un inútil, rehén de mis propias mentiras y palabras mal escritas. Ni ella, ni ellos; nada más que yo. La culpa no es nuestra; es mía. Y aquí no hay botón de pausa ni “stop”; solo vale una opción: la que no estoy dispuesto a tomar.

¿Caminos? Los veo, pero no los sigo. ¿Vida? Ya ni sé qué es eso. Vivo de mi constante muerte y muero de mi inconstante vida.

Hoy no. Quizás mañana. Tal vez nunca… al fin y al cabo, ¿para qué? 

jueves, 8 de octubre de 2015

"De por qué no hay primavera cuando es primavera"

­­¿No te das cuenta de lo que pasa? Es evidente. No necesitás llamar a ningún médico para que te lo diga: está ahí, delante de nuestras narices. Frías narices, por cierto. Depende de vos e, indefectiblemente, en esta oportunidad, de mí. Depende de nosotros. ¿No te das cuenta? En este momento, la felicidad del mundo está en nuestras manos.

¿Que cómo? ¿Cómo podés preguntarme eso? No puede ser más claro. Algo falta. Es como si algo estuviera fuera de su lugar. Como si al puzzle le faltara una pieza. Imaginate que querés pintar tu cuarto: tenés la pintura, los pinceles, un mameluco azul, la energía y también el tiempo; pero no tenés un cuarto que pintar. Es exactamente lo mismo. Y todo, todo depende de vos y de mí.

Seamos sinceros y sencillos, ¿te parece? ¿Qué pasa afuera? ¿De qué se queja la gente todos los días, cuando va en el ascensor apretada, cuando recién sale de su casa, cuando se frota las manos y mira hacia el cielo? ¡Todos piden lo mismo! El calendario lo indica. Y no se trata de que este año no hayan cambiado la hora. Va mucho más acá de todo eso. Está acá: justo delante de nosotros. Setiembre, octubre… y nada. Las bufandas siguen mezclándose en las plazas. Los jarabes para la tos y los pañuelos siguen en temporada alta. Y la sopa todavía se tolera. ¡El mundo está enloqueciendo, y todo es culpa nuestra!

Habrás notado que llegué a la palabra “culpa”. No era mi intención, pero no me dejás otra. La gente nos señala por la calle: “¡Culpables!”. Y tienen razón. La culpa de que el termómetro y el calendario no coincidan es nuestra. La culpa de que las cometas corran a abrigarse es nuestra. La culpa de que la rambla siga desnuda es nuestra. Y nuestra culpa es tan vaga y tan insignificante… ¡quién lo diría!

Fácil y sin rima: hasta que vos y yo no estemos juntos, la cosa va a seguir igual. La gente va a seguir molesta. La mañana se va a levantar sin ganas. Las radios van a sonar todavía más chillonas y desinformadas. Porque el mundo va a seguir esperando hasta que nos decidamos. Esto va a seguir igual: para vos, para mí, para todos.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Dejamos salir a la primavera?


sábado, 19 de septiembre de 2015

"El periodismo asesinó a las mariposas"

Se destiñe en silencio
al morir el otoño en mis manos,
cae como tinta todavía gélida
en la que aún viven historias
dulces, tristes, húmedas y muertas.

El trazo no es el mismo
ni las líneas tan cortas e insensatas,
hay algo, un dejo de realidad
ese abismo donde muere la ficción
y gana la siempre amarga razón.

Hasta el papel cambió su piel
apenas se encienden las palabras
casi no las escucho sonar al tocarse…
porque no hay aire que llenar con sinalefas
porque no hay tiempo para mentir.

Suena la luz en la ventana
no es la aurora ni Dios,
es ese despiadado carcelero…
el periodismo
asesinó a las mariposas